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domingo, 18 de mayo de 2014

Elefante Blanco

Por Guillermo Meyer

Este edificio se encuentra dentro de la Villa 15, también conocida como Ciudad Oculta, en el barrio porteño de Villa Lugano. Fue proyectado en 1923 y financiado mediante una colecta pública y un subsidio aprobado por el Congreso de la Nación por iniciativa del senador Alfredo Palacios. El objetivo de la Liga Argentina contra la Tuberculosis era instalar allí el Instituto de la Tuberculosis. Las obras se iniciaron en 1938. Al otro año ya había alcanzado sus 14 pisos, sin embargo tiempo después la obra sería abandonada. En 1948 el edificios fue expropiado por el gobierno nacional durante la presidencia de Juan Perón con la idea de convertirlo en el hospital más grande de Sudamérica. Nunca llegó a ser completado y el proyecto fue abandonado luego de la Revolución Libertadora en 1955. En 1957 el edificio fue reintegrado a la Liga Argentina contra la Tuberculosis, pero la falta de fondos impidió la continuación de la obras. En 1965 la Liga ofreció el predio a la Municipalidad, que lo aceptó ofreciendo a cambio un terreno sobre la calle Uriarte donde actualmente funciona la Liga.

En la actualidad este edificio es el lugar donde viven unas 100 familias en casillas precarias distribuidas entre el primer y segundo piso. Los sanitarios de estas casillas descargan directamente los desechos cloacales a los subsuelos, los cuales se encuentran totalmente inundados por estos desechos, a los que se suman montañas de basura. Los vecinos conviven diariamente con olores nauseabundos, humedad, ratas, mosquitos; y el riesgo de enfermedades que esto conlleva.

En agosto 2007 la presidente Cristina Fernández, en el marco de la campaña que la llevaría a la presidencia, anunció desde ese lugar junto a las autoridades de la Asociación Madres de Plaza de Mayo la construcción dentro del edificio de un anexo de la Universidad Popular de las madres, una escuela primaria, una secundaria, un centro cultural, una fábrica de pastas y el Jardín de Infantes de la Misión Sueños Compartidos. Ese mismo año el Jefe de Gobierno de la Ciudad, Jorge Telerman firmó con Hebe de Bonafini el convenio de permiso de uso a favor de la Fundación de las Madres para realizar allí todos los emprendimientos que había mencionado la presidente meses antes. Estos emprendimientos quedaron en simples carteles, con excepción del jardín de infantes que funcionó hasta el estallido del escándalo de corrupción en el que se vio envuelta la Misión Sueños Compartidos.
No solo esos proyectos quedaron abandonados, sino también las 98 familias que quedaron viviendo en el primer y segundo piso del edificio y otras 300 que viven casillas que rodean el edificio.

Como se puede verificar en las fotografías tomadas en una visita reciente, las condiciones de vida en el lugar son las peores que nos podemos imaginar. Durante el acto de campaña de agosto de 2007 la presidente hablaba de la construcción de símbolos, pues aquí vemos entonces un símbolo de lo que algunos llaman “Década Ganada”.
Finalmente la justicia dictó una resolución por la cual se ordenó al GCBA limpiar los subsuelos y los tanques de agua; proveer agua potable y cloacas; fumigar y desratizar. Estas medidas, en caso de concretarse, serán bienvenidas, sin embargo no constituyen más que un paliativo tardío que no alcanza a resolver esta situación en toda su complejidad. Deja, además, de lado a las 300 familias asentadas en los alrededores del edificio cuyas condiciones no son mucho mejores.


Como sucede con muchas otras cuestiones que quedan fuera de las prioridades del marketing electoral, tanto el gobierno nacional como el de la ciudad se han desentendido durante años. Aquí nuevamente verificamos que el crecimiento sin precedentes, en cuanto a ingresos públicos, con el que se han visto beneficiados en los últimos años tanto el gobierno nacional como el de la ciudad, no se ha traducido en políticas serias para acabar definitivamente con estas situaciones que dañan no solamente la dignidad de estas personas, sino la de toda la sociedad.














































lunes, 10 de febrero de 2014

Villas. Marginación vs Integración

Por Arq. Guillermo Meyer 

Ya han pasado más de tres años desde la toma del Parque Indoamericano en 2010. En el olvido quedaron los enfrentamientos entre vecinos, las conferencias de prensa de nuestros gobernantes deslindando responsabilidades y las promesas de una solución de fondo. Esto no debería sorprendernos en un país donde la planificación a largo plazo, a través de políticas de estado, es reemplazada por una sucesión de reacciones espasmódicas a medida que los problemas van apareciendo; muchas veces en forma de tragedia. Estas reacciones consisten en pomposos anuncios que rara vez se concretan, quedando todo en el olvido hasta que las mismas situaciones vuelven a repetirse. Y se seguirán repitiendo mientras sigamos corriendo detrás de los problemas en lugar de anticiparnos a ellos.

A pesar del intento del INDEC por mostrar que está todo bien, la realidad se empeña en contradecirlo indicando que la población de las villas crece sostenidamente en todo el país.
Solamente en la ciudad de Buenos Aires, comparando los censos de 2001 y 2010,  la población en villas creció en un 52,3% en 10 años; pasando de 107.422 habitantes en 2001 a 163.587 en 2010. Según estos censos las villas que más crecieron fueron la 21-24 (de 16.323 habitantes en 2001 a 29.782 en 2010) y la Villa 31-31bis (de 12.204 habitantes en 2001 a 26.492 en 2010). Algunas villas crecieron ocupando terrenos linderos, como las villas 21-24 y 15 (Oculta), pero cuando los terrenos libres escasean se crece en altura, como las villas 1-11-14 o la 31-31bis.

Además de las villas históricas y más conocidas, d urante ese períodose desarrollaron los denominados Nuevos Asentamientos Urbanos, como La Carbonilla en Paternal, Villa Fraga en Chacarita, Scapino a pocas cuadras de Villa 15, Bermejo – Obrero – María Auxiliadora al otro lado de las vías del FF.CC Belgrano Sur frente a Barrio INTA (Villa 19), Rodrigo Bueno en Costanera Sur, Los Pinos en Soldati, entre los más importantes.

Considerando el rápido crecimiento de las villas en la Ciudad, se estima que en la actualidad viven en ellas aproximadamente 200.000 personas.









Un par de ejemplos sobre la expansión de las villas,
arriba la Villa 21-24; abajo, la Villa 15 (Ciudad Oculta)
y el crecimiento desde 2004 hasta 2014.















Todo esto ha sucedido en un contexto económico favorable que posibilitó a nuestro país crecer en forma continua durante una década. ¿Por qué entonces no se han podido revertir los problemas estructurales del país o, al menos, impedir su agravamiento, si existían los recursos económicos para hacerlo? Una explicación podría referir a la torpeza o ineficacia de quienes gobiernan, sin embargo no es descabellado pensar que se trató de una decisión política perfectamente ejecutada. El populismo no tiene un proyecto de país, sino apenas un proyecto de poder para el cual necesitan clientes en lugar de ciudadanos. Esto es lo más lejano que puede existir a un enfoque progresista de respeto a los derechos humanos del que el gobierno se autodefine como abanderado.

Comúnmente cuando se habla de villas se piensa en tres cuestiones principales, a veces de manera superficial y prejuiciosa: pobreza, hábitat precario y marginalidad.

Pobreza

La pobreza es comúnmente definida como una forma de insuficiencia o insatisfacción en el Desarrollo Humano tomado a nivel social o una situación donde las necesidades básicas son insatisfechas. Dicha “satisfacción” depende mucho del contexto histórico y cultural.

Sin embargo esta definición no es suficiente para comprender la pobreza ya que habría que contemplar otras cuestiones que hacen a esa condición, como ser la consideración de bienes intangibles, historias de vida y familiares o expectativas personales.

No se trata solo de la cantidad de ingresos o de la satisfacción de “necesidades básicas”. En las villas de la Ciudad se estima que solamente el 6% tiene trabajo formal; el 37% trabajo informal y un 26% vive de changas. Los subsidios o la AUH sirven para paliar una situación de emergencia pero no para superar la pobreza. De esta manera se les permite subsistir, pero no recuperar la dignidad que da un empleo o el hacer uso de la libertad para mejorar sus vidas en base a sus propias decisiones y esfuerzo. En cambio se los pretende transformar en obligados dependientes de la ayuda oficial sin ninguna perspectiva de futuro.

El nivel de educación que se puede alcanzar es otro bien intangible a considerar. La mala alimentación, la necesidad de ocuparse en changas a temprana edad y la descomposición de los núcleos familiares hace que muchos que nacen en un hogar pobre no completen sus estudios; por lo tanto nunca accederán a la información y formación necesaria para lograr un empleo digno o ni siquiera logren ser empleables. Con esto la pobreza se reproduce de generación en generación.

Frente a todas estas dificultades que imposibilitan la visualización de una salida, muchos finalmente aceptan resignadamente su situación como algo inevitable producto de circunstancias sobre las cuales no pueden operar. Al perderse la esperanza en un futuro mejor las expectativas se reducen a la mera subsistencia, algunos hasta pueden sentirse en una situación de bienestar sin estarlo realmente. Este quiebre de la voluntad facilita al populismo gobernante sostener una relación de dependencia clientelar; por poco que ofrezca, se va a considerar ganancia.

Es verdad que un alto porcentaje de los habitantes de las villas son inmigrantes extranjeros. En este caso no basta con cuestionarnos nuestra política en materia de inmigración; sino, con una mirada más amplia,  cuestionarnos por qué enormes áreas de nuestro país están prácticamente deshabitadas mientras que el 38% de la población vive concentrada en el 1% del territorio. o por que no existen incentivos y oportunidades en esas áreas deshabitadas. Si existiera un proceso de desarrollo en la totalidad de las regiones del país seguramente disminuiría la concentración de habitantes en las villas, tanto de extranjeros como de argentinos.

Hay quienes afirman que “pobreza hubo siempre”. Es cierto que la pobreza urbana creció a la par del desarrollo de las ciudades y la industria. Se constituyó con la inmigración del campesinado hacia los centros urbanos buscando empleo y nuevas oportunidades. Sin embargo, se experimentaba un proceso de integración a una nueva dinámica económica, productiva y social donde, en mayor o menor medida, existía movilidad social. La posibilidad de acceso a un empleo y a la educación brindaba a las familias esperanzas en el futuro de sus hijos. “M´hijo el dotor” era una orgullosa exclamación de campesinos analfabetos, obreros e inmigrantes que llegaron al país sin nada. Luego de desacertadas políticas económicas, esa promesa desarrollo económico y productivo se esfumó dejando a una gran franja de la población fuera del sistema.

Nos equivocamos si pensamos que la pobreza es un problema del otro. Una sociedad con altos niveles de pobreza denota falta de solidaridad, de igualdad de posibilidades y de justicia social. Por lo tanto no solo está en crisis la dignidad de quien sufre la pobreza, sino la de toda la sociedad en su conjunto.

Hábitat precario
A diferencia de otros hábitat precarios que fueron alguna vez construcciones con un buen nivel de calidad y que posteriormente sufrieron un grave proceso de deterioro (casas tomadas, inquilinatos y conjuntos habitacionales), las villas nunca alcanzaron niveles suficientes en cuanto a su completamiento y calidad ambiental. Son el resultado de un proceso de ocupación espontáneo y no planificado de un terreno fiscal o privado de muy bajo valor, como baldíos inundables, basurales, viejas instalaciones ferroviarias o industriales en desuso. El modo de tomar posesión del suelo es la que mejor le parece a cada ocupante. Al principio el nivel de densidad es bajo. Las viviendas primitivas son de materiales muy pobres, como cartón, madera, chapa, sin instalaciones de ningún tipo y apenas con una letrina. Con el paso del tiempo, estos barrios se densifican, las construcciones se consolidan y se utilizan materiales tales como ladrillos y hormigón. De todos modos la precariedad y la incertidumbre permanecen por lo que las construcciones nunca dejan de tener el carácter de precarias.

A la izquierda, vivienda precaria en el asentamiento Elefante Blanco, las
cloacas desembocan en el subsuelo del edificio.
A la derecha, interior de una vivienda; la intimidad no es algo muy común.





Muchas viviendas ocupan espacios no aconsejados desde el punto de
vista de la seguridad. A la izquierda la Carbonilla (La Paternal), viviendas
ubicadas peligrosamente a poca distancia del paso del ferrocarril.
A la derecha, viviendas bajo la Autopista en Villa 31bis






A la izquierda, Los Piletones, Lago Soldati y basural.
A la derecha vivienda a la vera del Riachuelo.





















Dentro de estos barrios o en sus cercanías existen escuelas y centros de salud. El servicio eléctrico es abastecido por in tendido a partir de un transformador cuyo consumo es abonado por el Gobierno de la Ciudad. El agua potable a través de extensiones conectadas a la red de AySA que pasa por el perímetro. Igualmente las cloacas. Sin embargo estos servicios dejan mucho que desear, son comunes la falta de presión de agua y las cloacas se tapan recurrentemente por su mala ejecución y colapsan en tiempos de lluvia al estar unificados con el sistema pluvial. Esto es paliado con la visita diaria de camiones atmosféricos y vactor. También es común encontrar zanjas pluviales abiertas a lo largo de los pasillos y donde evidentemente vuelca también alguna cañería cloacal. No existe tendido de gas por lo que se utilizan garrafas, lo cual es más costoso el servicio de Metrogas. El teléfono también es inexistente, por lo que se requiere un mayor presupuesto para comunicarse telefónica al ser el celular el único medio disponible. Los residuos se levantan sobre las calles oficiales o son arrojados al paso de los trenes, los cursos de agua o se acumulan en algunos sectores provocando colosales montañas.

Por eso, a pesar de lo que se cree comúnmente, es un viejo reclamo de la mayoría de los vecinos el poder conectarse a una redes oficiales con medidor y pagar las facturas correspondientes con tal de tener un servicio de mayor calidad. Sin embargo esto no es posible hasta que un proceso de urbanización ordene los lotes y regularice el dominio de cada uno. Mientras ese proceso se demora, la Ciudad soporta el enorme costo de mantener servicios de mala calidad y extendiendo en el tiempo los beneficios de quienes obtienen enormes ganancias de esta situación.

Pasillos con zanjas a cielo abierto (Villa 15 y Villa 21-24)







El tejido de estos barrios en la actualidad es muy compacto y densamente poblado. El acceso a las viviendas se produce en la mayoría de los casos por pasillos, la mayoría muy estrechos impidiendo el paso de automóviles y camiones o ambulancias y bomberos que acuden a una emergencia. Este intrincado sistema conforma un laberinto que solo puede ser transitado por quien pertenece al barrio, lo conoce, y al mismo tiempo es conocido.

Las grandes villas son lugares de altos contrastes, lejos de ser homogéneas presentan diversidad de panoramas: Algunos sectores poseen un alto grado de densidad, con comercios e instituciones barriales, pasajes anchos y pavimentados, viviendas con un mínimo de confort, higiene y servicios. Otros presentan un paisaje más desolador con casillas muy humildes sin servicios, mal edificadas y con signos de degradación, los comercios escasean y las calles son de tierra. Finalmente la miseria en su forma más cruda, con casillas sin ningún tipo de servicio, suelo de tierra y edificaciones de madera y chapa rodeadas de basurales y aguas servidas.

La mala calidad de la construcción, el uso de mampostería de ladrillo 
común de canto para economizar material y el no tener en cuenta que 
el suelo donde se asientan las viviendas no están preparados para 
fundar una vivienda sin recaudos especiales (antiguos rellenos de 
basura y pantanos). Esto hace que sean comunes rajaduras e incluso 
derrumbes. Fotos de Villa 3 y Villa 15.







El avance de las viviendas en sus pisos superiores invade los pasillos
exteriores y dificulta la  ventilación de las viviendas (Villa 1-11-14)












La mayoría de las viviendas poseen un baño, la cocina es además un “living-comedor-dormitorio” y dos o más dormitorios. Los pisos de alisado de cemento o cerámicas, paredes de canto revocadas y pintadas. Entre las deficiencias más comunes podemos citar la falta de puertas, de cielorrasos, de aislamiento hidrófugo, lo que hace a las viviendas muy incómodas e insalubres. La poca superficie del terreno hace que el mismo se ocupe en su totalidad provocando que muchas habitaciones no cuenten con ningún tipo de ventilación. Son muy calurosas en verano, muy frías en invierno y siempre húmedas. Sus habitantes no pueden tener intimidad y viven hacinados. Se pasa de un cuarto a otro por sus interiores, el pasillo o el hall es un lujo y un derroche de espacio que poco se permiten.

Un fenómeno que vemos en los últimos años es el crecimiento en altura de muchas edificaciones. En muchos casos se debe a la construcción de cuartos para alquilar. Quienes alquilan en la villa padecen las peores condiciones: las habitaciones no miden más de 3 x 4 metros, pocas tienen baño privado y la accesibilidad puede ser riesgosa (se ven casos donde se accede a una habitación en un piso alto a través de escalera de hoja simple apoyada en alguna viga o pared). En otros casos el crecimiento vertical se debe al rápido crecimiento de las familias; no es porque tengan muchos hijos (aunque esos casos existen en menor medida) sino porque las parejas se forman muy jóvenes; por ejemplo, suele suceder que los integrantes de una pareja sean padres a los 15 años y abuelos a los 30, y ante la imposibilidad de acceder a una vivienda o a una porción de terreno; construyen sobre la casa de la generación anterior.
También hallamos unas otras viviendas dotadas de artículos, que si bien no son suntuarios, otorgan cierto nivel de confort: estructuras de hormigón, pisos de cerámica, cielorrasos de machimbre, mobiliario nuevo, electrodomésticos etc.
Ejemplos de planta de viviendas comunes en las villas. 
Se caracterizan por la mala distribución y ambientes “encerrados” 
donde la ventilación e iluminación natural están ausentes.






















El problema del hábitat precario no se refiere solamente a la carencia de una vivienda digna, se trata además de falta de infraestructura y servicios básicos de calidad, de espacio público, de vinculación e integración a la ciudad circundante.


La ausencia de autoridad y control de las obras de urbanización
realizadas, sobre todo cuando son durante gestiones anteriores,
produce retrocesos. Por ejemplo, en sectores donde hubo apertura
de calles, algunos vecinos invaden el espacio público con sus viviendas
sin ningún tipo de control en perjuicio de los demás.












Marginalidad

Locke explicaba que cuando el hombre descubrió que su vida, libertad y bienes no eran seguros en el “estado natural”, estuvo dispuesto a abandonarlo a favor de una comunidad organizada. Al hacer esto debió ceder el poder de hacer lo que considere más conveniente para garantizarse su vida, libertad y bienes en la porción que esa comunidad lo exija a través de sus leyes. Así el individuo se convirtió en ciudadano; titular de derechos y obligaciones. Pero la armonía de esa comunidad se pone en riesgo cuando no se garantiza a todos el goce de sus derechos. Quien de esta manera se ve marginado y asume esa situación como inevitable, pierde sentido de identidad y pertenencia y, por lo tanto, tambiénel incentivo a cumplir con las obligaciones establecidas por la comunidad organizada.

Es verdad que el delito crece de la mano de la marginalidad, pero sería un grave error criminalizar la pobreza. Las reacciones frente a situaciones extremas no son iguales en todas las personas: si bien en muchos se ha diluido el concepto de “bien común” y cayeron en la ilegalidad, la gran mayoría de quienes habitan las villas han optado por seguir aferrándose al esfuerzo y la honestidad como virtudes a exhibir con orgullo.

Esta situación se da en el marco de una crisis de valores que trasciende niveles socioeconómicos; en los últimos años se ha promovido el egoísmo, el individualismo, la valoración compulsiva de los bienes de consumo, se ha debilitado la idea de comunidad, solidaridad, respeto por el otro y su trabajo. Estamos desgraciadamente acostumbrados a los delitos de “guante blanco” de funcionarios y empresarios que, burlándose de todos nosotros, cambian jueces y fiscales para zafar con total impunidad, dando un ejemplo que no sirve de mucha ayuda. Algo anda mal en una sociedad cuando tolera la corrupción o que se dilapiden los recursos del país en cuestiones irrelevantes como publicidad oficial, Fútbol para Todos, Automovilismo para Todos, etc.

La ausencia del Estado, tanto como garante del cumplimiento de derechos como de obligaciones, permite el establecimiento de facto de la “ley del más fuerte”, de tal manera que los vecinos de las villas sufren la inseguridad de la forma más terrible: además de los robos cada vez más comunes, deben convivir con tiroteos entre pandillas, sectores copados por los narcos para realizar sus actividades y el miedo a que sus hijos caigan en el Paco.

Integración ciudadana


Queda claro que la cuestión de las villas es un tema multidimensional que excede la precariedad de estos barrios. Por eso los procesos de urbanización deberán combinarse con políticas de desarrollo económico y social como única alternativa para superar el asistencialismo.


Para que estas políticas sean exitosas deberán ser participativas, continuas, coherentes e integradas.


-          Participativas, incorporando a los habitantes del barrio a urbanizar y de los barrios circundantes en el diseño, implementación, control de gestión y eventual reformulación de los programas, proyectos y planes. Será además la mejor manera de superar conflictos producto de los prejuicios que persisten en nuestra sociedad.


-          Continuas, pensando en la planificación a mediano y largo plazo como una Política de Estado que garantice la retroalimentación, perfeccionamiento y efectiva concreción, independientemente del signo político de los gobiernos de turno.


-          Coherentes e integradas, combinando y potenciando las acciones en salud, vivienda, educación, empleo, renovación y regeneración urbana, infraestructura y saneamiento ambiental. Para esto será necesaria la cooperación y coordinación entre las distintas áreas de gobierno y entre los distintos gobiernos con injerencia en el Area Metropolitana.


Desde el punto de vista del planeamiento, la urbanización de una villa no se trata solamente de construir viviendas, sino de hacer ciudad. Por lo tanto, dicho proceso debe inscribirse dentro de un plan de desarrollo urbano que incluya al barrio circundante y la integración al mismo a través de la continuidad de la trama urbana, calles, avenidas y áreas verdes.


Casi sin tierras libres suficientes, si se destina para cada vivienda lotes mínimos de 80 a 100 m2, más las superficies para plazas y calles, el espacio disponible sería insuficiente. Por eso es necesario reducir la actual densidad mediante la incorporación de construcciones de hasta 3 pisos, viviendas en tira, condominios u otras soluciones técnicas y el desarrollo de una política de tierras activa y específica.


La situación de emergencia sanitaria existente exige priorizar el acondicionamiento de los servicios cloacales y de agua potable cuya precariedad constituye múltiples focos de contaminación. En ese sentido es también importante incentivar la modificación de viviendas existentes de manera de resolver problemas de accesibilidad, ventilación, asoleamiento y aislación contra humedad. La introducción de normativas de edificación acompañado con asesoramiento profesional evitará la repetición de estos problemas en los casos de autoconstrucción. Una vivienda y un hábitat adecuado constituye la más eficiente política de salud: evitar que la gente se enferme.


La educación constituye un motor fundamental para enfrentar la desigualdad social en tiempos donde las posibilidades de desarrollo humano de los individuos van de la mano del conocimiento. Mientras la brecha de calidad entre la educación pública y la privada siga creciendo, la brecha social será a su vez mayor. Es clave que las escuelas públicas en los barrios más pobres no tengan nada que envidiar a las mejores escuelas privadas en lo que respecta a calidad edilicia, de enseñanza y equipamiento. Estos chicos al ingresar a una escuela con esas características recibirían un fuerte mensaje de inclusión que elevaría su autoestima y el interés en el aprendizaje. Así, las posibilidades de desarrollo del país se verán potenciadas al ser mayor la cantidad de ciudadanos que puedan desarrollar plenamente sus capacidades, tomar decisiones y ocupar un lugar en la sociedad.


Para asegurar un proceso de aprendizaje exitoso, es clave implementar programas que acompañen a los niños desde su nacimiento asegurando un desarrollo equitativo en cuanto a nutrición, salud y recreación.


Es importante ayudar a la sustentabilidad de estos nuevos barrios a través de políticas orientadas a impulsar nuevos emprendimientos y la generación de empleo. Por ejemplo, un sistema de microcréditos acompañado con cursos obligatorios y asesorías en actividades productivas y formación de empresas.


La promoción de lugares de nuestro interior que cuentan con una baja densidad poblacional brindaría, tanto habitantes de las provincias como a inmigrantes de otros países, alternativas distintas a hacinarse en el área metropolitana de Buenos Aires.


Por lo general las villas se encentran en áreas y barrios deprimidos de la ciudad. Difícilmente las transformaciones que se realicen en una villa tendrán éxito si el barrio en donde se encuentra continúa degradado. Es necesario volcar una importante inversión en el espacio y el equipamiento público las zonas más postergadas convirtiendo a lo público en un mecanismo de igualdad social. Hablamos de bibliotecas, centros culturales, equipamiento deportivo, parques, plazas, espacios de juego, espacios para la tercera edad, centros de emprendimientos, etc. Hay que dejar atrás esa idea de que un edificio con equipamiento público en un barrio precario debe ser también precario. En estos edificios no se debe escatimar en calidad y excelencia arquitectónica de manera que constituyan verdaderos íconos, no solo para el barrio donde se levantan, sino también para sus alrededores, cambiando así radicalmente la connotación que esos barrios tienen actualmente convirtiéndolos en parte de un todo en el que todos podamos reconocernos.


Como en cualquier política pública, es clave una planificación y gestión económico-financiera integral que garantice una continuidad que supere los tiempos administrativos y electorales y la absoluta transparencia en el uso de los fondos públicos.


Es fundamental que toda la sociedad comprenda que con estas políticas no solo se mejoran las condiciones de vida de los más pobres sino el de la sociedad misma. Existen experiencias exitosas que así lo demuestran. Luego de años de violencia, la ciudad de Medellín realizó una fuerte inversión en educación. En los barrios más pobres se construyeron los denominados “parques-biblioteca”, concebidos como los edificios más emblemáticos de la ciudad y equipados para la realización de todo tipo de actividades culturales y recreativas. El resultado: mientras que en 1997 se producían 380 homicidios por cada cien mil habitantes, luego de esas políticas esa cifra bajó a menos de 30 homicidios por cada cien mil habitantes en 2006. Se cerró la puerta del delito abriendo otras.

Construir un país es construir ciudadanía y viceversa. Por eso la gran deuda que tenemos como sociedad es llevar desarrollo, empleo, salud, educación allí donde no lo hay y; por sobre todo, hacer posible que, independientemente de su condición social, cualquiera tenga la posibilidad de desarrollar sus capacidades para poder decidir y ocupar un lugar en la sociedad como fruto de su esfuerzo.

martes, 1 de febrero de 2011

Esos viejos anuncios nuevos

Por Guillermo Meyer

Cada tanto se producen en el país hechos que nos conmocionan como sociedad y se convierten en temas excluyentes en el ámbito. Así es que durante el mes de diciembre pasado vivimos pendientes de los acontecimientos de Villa Soldati y Lugano cuando miles de personas tomaron terrenos y espacios públicos, como el Parque Indoamericano, en un cambalache donde se mezclaron necesidades reales con la especulación de algunos vivos.

Finalmente, el pasado 24 de Enero, el Ministro de Economía y precandidato a Jefe de Gobierno de la Ciudad, Amado Boudou, anunció un ambicioso plan de construcción de más de 17.000 viviendas para habitantes de la Cuenca Matanza-Riachuelo en un plazo de dos años.

Ese anuncio fue como un déjà vu. Efectivamente, el 21 de julio de 2004 el entonces presidente Néstor Kirchner había anunciado la primera etapa del Programa Federal de Construcción Viviendas. Esta consistiría en la construcción de 120.000 unidades en un plazo de 12 meses. Luego, el 11 de agosto de 2005, se anunció la segunda etapa de aquel programa. Esta vez se trataba de la construcción de 300.000 viviendas en un plazo de dos años. Como no era suficiente anunciarlo una sola vez, se presentó de nuevo en un acto en Parque Norte el 20 de marzo de 2007.

Como decía Aristóteles: “la única verdad es la realidad”. Y la realidad siguiente a esos anuncios no fue tan auspiciosa. De las 120.000 viviendas anunciadas en la Primera Etapa se hicieron solo 58.735, es decir, el 48,9% del total que deberían haberse terminado en aquel plazo de12 meses. En cuanto a la Segunda Etapa, de las 300.000 viviendas anunciadas en 2005, se construyeron apenas 3.398 unidades en el plazo correspondiente, lo cual equivale apenas al 1,13%.

Al incumplimiento de plazos y cantidad de viviendas se sumaron graves deficiencias en la ejecución de muchas de ellas. Hay casos donde fueron construidas en terrenos de relleno o contaminados no aptos para edificar. Así aparecieron los barrios “Titanic”, donde las viviendas se hunden y las mamposterías se rajan con riesgo de derrumbe. Son conocidos los casos de Quequén o los barrios de Santa Rosa, San Jorge y Las Margaritas en Florencio Varela. Ya en este blog habíamos publicado un informe propio sobre el estado de viviendas inauguradas en el Barrio Libertador en la localidad de Pablo Podestá (http://ucrmilitancia4.blogspot.com/search/label/H%C3%A1bitat%20y%20vivienda)

Estos resultados demuestran la falta de políticas serias de largo plazo para dar soluciones efectivas a nuestros problemas. En su lugar tenemos una sucesión de reacciones espasmódicas que apuestan únicamente a dar una imagen de solución. Así es que, cuando la cuestión empieza a desaparecer de la primera plana de los diarios, aquellos anuncios quedan en el olvido o se implementan en forma parcial y negligente. Pero cuando la negación de un problema se hace imposible y la falta de solución se hace evidente, se repiten los mismos anuncios a modo de viejas novedades.

Los hechos de Soldati pusieron en evidencia que, después de años de crecimiento continuo a tasas chinas en un contexto internacional inéditamente favorable, los problemas de los más necesitados no han tenido solución. Esto sucede simplemente porque en lugar de un proyecto de gobierno existe sólo un proyecto de poder.

Nuestro país necesita, en forma urgente, plan de vivienda en serio. Para que ese plan sea exitoso debe tener una mirada integral sobre la cuestión del hábitat y no sólo la construcción de viviendas. Para eso deben contemplarse, en principio:

- Entorno medioambiental adecuado.
- Infraestructura de servicios, educación y salud.
- Integración urbana y social.
- Transporte y comunicación con el resto de la ciudad.
- Promoción de sectores del interior del país con baja densidad poblacional.
- Políticas de desarrollo comunitario que hagan sustentables a los nuevos barrios.
- Políticas de empleo que hagan que los más pobres sean ciudadanos y no clientes que viven bajo la amenaza de perder lo poco que les dan si no obedecen a los punteros alineados con el Gobierno.
- Entender que la falta de vivienda no es únicamente un problema de los más pobres, sino también de amplios sectores de clase media que sufren alquileres abusivos y la imposibilidad de acceder a un crédito.
- Por último y sobre todo, que quienes gobiernan cumplan con la palabra dada y lo hagan con honestidad, transparencia y eficacia.

miércoles, 9 de junio de 2010

Hábitat y pobreza

Por Guillermo Meyer

Si hay algo que caracteriza al gobierno de los Kirchner es la absoluta coherencia en su actuación en todas las áreas: echar la culpa de todo a sus antecesores (olvidándose del ferviente apoyo que brindaron a las políticas de Menem en los `90), hacer grandes anuncios desde la tribuna para luego no cumplirlos y ocultar su incapacidad dibujando la realidad a su conveniencia como en el caso del INDEC.


Así fue que en el 2004 el “ex” presidente Kirchner lanzó con bombos y platillos la primera etapa del Programa Federal de Vivienda que consistía en la construcción de 120.000 unidades en 12 meses. Pasado ese período, Néstor Kirchner anunció la 2da etapa del plan que consistiría en 300.000 nuevas viviendas. De la primera etapa solo se construyeron 58.735 ( 49% de lo anunciado), y de la segunda solo 3.398 (apenas el 1,13%).

Alguien podría decir que “algo es algo”, pero, sin embargo, hay que agregar que muchas de esas viviendas fueron construidas con tan pésima calidad que a poco tiempo de su inauguración son prácticamente inhabitables. Así se denunció en los barrios San Jorge, Las Margaritas, Santa Rosa en Florencio Varela, y en José C. Paz entre otros. Nosotros hemos podido verificar, a través de relevamientos propios, situaciones similares a aquellas en Pablo Podestá, 3 de Febrero, según consta en este informe. Algunas obras se parecen más a una escenografía montada para la publicidad oficial que a soluciones concretas para la gente.





Fotos: Estado de deterioro producido por la mala calidad de construcción de las viviendas realizadas por el gobierno kirchnerista en el Barrio Libertador de Pablo Podestá. Estas viviendas fueron inauguradas hace apenas dos años. Mientras tanto en un terreno vecino se construyeron unas inhabitables viviendas “provisorias” donde sus habitantes viven hace más de un año. (Relevamiento: Arq. Guillermo Meyer para Grupo La 3ra)

Mientras el gobierno se deshace en palabras los problemas avanzan y se profundizan, según estudios de Info-Hábitat, solo desde el 2001 al 2006 se triplicaron las villas de emergencia en el Conurbano. En esos cinco años el Gran Buenos Aires pasó de tener 385 asentamientos (según censo 2001) a tener más de 1000 villas. La mayoría de ellas situadas en el sur del Conurbano en los límites con la Capital. En ese mismo tiempo se consolidaron 24 nuevos asentamientos en la Ciudad de Buenos Aires. La población que vivía en villas en el área metropolitana era de 638.657 en el 2001, actualmente se estima en aproximadamente 2.000.000.

Esto sucede cuando para un gobierno el largo plazo no supera los dos años que separan una elección de la otra. Los Kirchner siguen demostrando que su única preocupación es conservar el poder como fin en si mismo y no para solucionar los problemas de la gente. De esta manera nunca habrá una política seria que aporte soluciones concretas, sobre todo cuando se trata de asuntos tan complejos como el Hábitat de millones de ciudadanos.

Entendemos que una correcta Política de Hábitat impactaría también en otras áreas :

- Salud: Una vivienda con aislación, ventilación adecuada y servicios de agua potable y cloacas, podría evitar las múltiples enfermedades provocadas por la exposición a los rigores del clima, la humedad, el hacinamiento y la falta de higiene. Por lo tanto, constituiría una de las más eficientes políticas de medicina preventiva que además reduciría notablemente la demanda sobre hospitales y centros de salud.

- Empleo: Terminaría con la “cruz” que deben cargar quienes encuentran serias dificultades para conseguir empleo por vivir en villas o casas tomadas.

- Seguridad: Se acabarían los refugios que muchos delincuentes encuentran en los intrincados laberintos de los asentamientos precarios.

- Lucha contra el narcotráfico: Del mismo modo se erradicarían los refugios que los narcotraficantes encuentran en el laberinto y la densidad de las villas. Este fenómeno está comenzando a alcanzar dimensiones alarmantes en algunos barrios.

- Integración familiar: Se morigerarían los conflictos derivados de la convivencia en estado de hacinamiento.

- Integración social: Los nuevos barrios se integrarían como una continuidad de los barrios circundantes, lo cual además de romper la barrera física constituida por asentamientos que interrumpen la trama urbana, rompería las barreras sociales producto de los fuertes contrastes entre ellos. Además esta integración permitirá en los más jóvenes el retorno de la idea de comunidad y ciudadanía que por estos tiempos se está perdiendo.
Además, la regularización de estas familias les otorgaría un plus de dignidad dado por la posibilidad de pagar o construir su vivienda definitiva, así como también abonar los servicios públicos que pasarían a recibir como cualquier otro ciudadano.
No podemos olvidar que toda política de vivienda debe estar dirigida a todos aquellos sectores que sufren el déficit habitacional en la medida que cada caso requiere: las clases más bajas necesitan una intervención mas directa del Estado al haber quedado fuera del interés del mercado Pero también las clases medias viven en una enorme incertidumbre producto de las dificultades, de acceso al crédito, viéndose muchos obligados a recurrir al alquiler de una vivienda a costos cada vez mas elevados.
A continuación presentamos un trabajo que intenta analizar sintéticamente los distintos aspectos y magnitudes de esta cuestión:


Caracterización de la Pobreza y la Exclusión.

La pobreza puede ser definida como una forma de insuficiencia o insatisfacción en el Desarrollo Humano tomado a nivel social o una situación donde las necesidades básicas son insatisfechas. Es importante considerar que dicha “satisfacción” depende mucho del contexto histórico y cultural por lo que es importante entender las “Necesidades Básicas” en su contexto específico.

Pero hay aspectos de las situaciones de pobreza que son independientes a su contexto, y que además han sido constantes. Una sociedad con altos niveles de pobreza denota falta de solidaridad, de igualdad de posibilidades y de justicia social. En los casos extremos que lo que está en crisis es la Dignidad, pero no solamente la del que sufre la pobreza, sino la de toda la sociedad en su conjunto.

Hay quienes pretendiendo minimizar el problema señalan que “la pobreza siempre existió”. Es cierto que siempre hubo situaciones de desigualdad e injusticia, pero hoy día, a pesar de los dibujados anuncios oficiales, la pobreza ha adquirido la peor de sus formas: la exclusión.

La Pobreza urbana creció a la par del desarrollo de las ciudades y la industria. Se constituyó con la inmigración del campesinado hacia los centros urbanos buscando empleo y nuevas oportunidades. Si bien eran pobres, entonces se experimentaba un proceso de integración a una nueva dinámica económica, productiva y social. Surgieron agrupaciones obreras y sindicales entre otras formas de unidad para defender sus derechos y tender a modificar los rasgos negativos de ese proceso. La posibilidad de acceso a la educación brindaba a las familias esperanzas en el futuro de sus hijos. “M´hijo el dotor” era una orgullosa exclamación surgida de boca de campesinos analfabetos, obreros e inmigrantes que llegaron a Buenos Aires sin nada.
Luego de “desacertadas” políticas económicas, aplicadas durante las sucesivas dictaduras y por el Partido Justicialista durante la década del `90, esa promesa desarrollo económico y productivo se esfumó dejando a una gran franja de la población fuera del sistema, o mas precisamente, fuera de la sociedad.

La situación de exclusión descripta y un futuro cada vez más lejano, produjo en muchos de ellos la pérdida de la esperanza y un estado de resignación que puede verse reflejado, por ejemplo, en las letras de la “cumbia villera” y el auge del “paco”.

Se sabe que las situaciones extremas generan reacciones extremas, así la exclusión trae consecuencias que nos afectan a todos como sociedad. La desintegración, los prejuicios, los resentimientos, hacen que muchos argentinos se sientan ajenos a una sociedad que los deja afuera. Esta ruptura social entre excluidos e incluidos hace que se diluya el concepto de bien común, sobre todo para aquellos que quedan afuera de los beneficios del desarrollo.

Caracterización del hábitat precario y degradado

Entre las consecuencias de un hábitat precario o degradado sobre sus ocupantes podemos destacar entre otras:
- Dificultades para obtener empleo digno debido a la discriminación.
- Disolución de lazos familiares producto de los conflictos derivados por vivir hacinados.
- Propensión a graves enfermedades producto de convivir a diario con aguas servidas, pésimas condiciones de higiene y salubridad, humedad en el interior de la vivienda, mayor exposición a los rigores del clima. Un hábitat en estas condiciones es un serio peligro para la salud y la vida de sus habitantes.
- Mayor inseguridad al convivir con la delincuencia y traficantes que encuentran en las villas un refugio.
- Desesperanza en los jóvenes, quienes son tentados a evadirse de su realidad mediante drogas nocivas como el “Paco”.
- Dificultades de movilidad al ser esos barrios precarios evadidos por el servicio de transporte público. A esto se suman las dificultades provocadas por la lluvia en calles de tierra, etc.

La problemática del hábitat no puede ser encarada exitosamente considerando solo a la vivienda, sino también a su entorno inmediato. Muchos barrios fracasaron al ser erigidos en áreas separadas de la trama urbana a modo de ciudades o pueblos satélite. Por ejemplo, grandes conjuntos habitacionales en medio de la nada. Por eso hay que considerar al menos dos escalas: la edilicia, que abarca la vivienda propiamente dicha, y la urbana, considerando el entorno como espacio físico y espacio social y la forma de implantación de la vivienda.
El hábitat de la miseria es diverso. Por un lado encontramos el hábitat precario, el cual nunca alcanzó niveles suficientes en cuanto a su completamiento y calidad ambiental como las villas miseria y ciertos barrios suburbanos. Por el otro, el hábitat degradado lo constituye aquel donde las construcciones alguna vez tuvieron un buen nivel de calidad y posteriormente sufrieron un grave proceso de deterioro: casas tomadas, inquilinatos, hoteles y conjuntos habitacionales.


Foto: Juan Miguel Tosi

Villas Miseria o Barrios de Emergencia

Podemos definir la Villa como el resultado de un proceso de ocupación espontáneo y no planificado de un terreno generalmente fiscal o privado de muy bajo valor, o baldíos con conflictos de sucesión. Se trata de terrenos inundables, baldíos con basurales, viejas instalaciones ferroviarias o industriales en desuso en áreas degradadas o barrios de escaso interés inmobiliario.

Al momento de su ocupación estos terrenos eran vacíos urbanos, donde sus propietarios o el Estado no habían generado ningún tipo de actividad. En estos barrios el modo de tomar posesión del suelo es la que mejor le parece a cada ocupante. Al principio el nivel de densidad es bajo. Las viviendas primitivas son de materiales muy pobres, como cartón, madera, chapa, sin instalaciones de ningún tipo y apenas con una letrina. Esto es porque la incertidumbre sobre la permanencia en el terreno en esa etapa no inspira a sus ocupantes a invertir en algo mejor. Con el paso del tiempo, estos barrios se densifican, las construcciones se consolidan y se utilizan materiales tales como ladrillos y hormigón. De todos modos la precariedad y la incertidumbre permanecen por lo que las construcciones nunca dejan de tener el carácter de precarias.

Hoy en día, varias villas de la Ciudad de Buenos Aires poseen en buena parte de su extensión cloacas, agua corriente, teléfonos, electricidad y televisión por cable mientras que el gas se abastece por garrafas. Con respecto al último punto hay que resaltar que, debido al costo de la garrafa y el precio subsidiado del servicio de Metrogas, los pobres pagan hasta 5 veces más por la misma cantidad de gas que una familia de clase media alta. Los desagües pluviales y secundarios derivan a instalaciones precarias o zanjas. En algunos sectores no existen cloacas y los pozos son atendidos por camiones atmosféricos. Los residuos se levantan sobre las calles oficiales o son arrojados al paso de los trenes, los cursos de agua o se acumulan en algunos sectores provocando colosales montañas.

Dentro de estos barrios o en sus cercanías existen escuelas y centros de salud. Las complicaciones se derivan de las limitaciones de la circulación por los pasillos ya que los chicos a veces no pueden llegar a la escuela por la lluvia y las ambulancias no pueden auxiliar a un enfermo. El punto complejo en cuanto a los servicios lo ofrece la seguridad, la policía tiene fuertes reservas para actuar en las villas, lo que finalmente actúa a favor de los delincuentes que se sienten seguros amparados por los intrincados pasillos.

El tejido de estos barrios en la actualidad es muy compacto y densamente poblado. El acceso a las viviendas se produce por pasillos, la mayoría muy estrechos mientras que algunos permiten el paso de automóviles y camiones que abastecen los comercios internos. Este intrincado sistema conforma un laberinto que solo puede ser transitado por quien pertenece al barrio, lo conoce, y es al mismo tiempo conocido.

Las grandes villas son lugares de altos contrastes, lejos de ser homogéneas presentan diversidad de panoramas: Algunos sectores poseen un alto grado de densidad, con comercios e instituciones barriales, pasajes anchos y pavimentados, viviendas con un mínimo de confort, higiene y servicios. Otros presentan un paisaje más desolador con casillas muy humildes sin servicios, mal edificadas y con signos de degradación, los comercios escasean y las calles son de tierra. Finalmente la miseria en su forma más cruda, con casillas sin ningún tipo de servicio, suelo de tierra y edificaciones de madera y chapa rodeadas de basurales y aguas servidas.

Hoy por hoy la mayoría de las viviendas poseen un baño, la cocina es además un “living-comedor-dormitorio” y dos o más dormitorios. Los pisos de alisado de cemento o cerámicas, paredes de canto revocadas y pintadas. Entre las deficiencias más comunes podemos citar la falta de ventilación, de puertas, de cielorrasos, de aislamiento hidrófuga, lo que hace a las viviendas muy incómodas e insalubres. Son muy calurosas en verano, muy frías en invierno y siempre húmedas. Sus habitantes no pueden tener intimidad y viven hacinados. Se pasa de un cuarto a otro por sus interiores, el pasillo o el hall es un lujo y un derroche de espacio que nadie se permite.

En el otro extremo hallamos unas otras viviendas dotadas de artículos, que si bien no son suntuarios, otorgan cierto nivel de confort: estructuras de hormigón, pisos de cerámica, cielorrasos de machimbre, mobiliario nuevo, electrodomésticos etc. En esta franja se ubican los dueños de comercios, de inquilinatos, de alguna industria o prestación de servicios.

Cabe señalar que en los últimos años se ha promovido, como en toda la sociedad, el egoísmo, el individualismo, la valoración compulsiva por los bienes de consumo, lo cual sumado a la brecha entre los que pueden salvarse de los que no, las drogas y la desocupación, han generado, sobre todo muchos jóvenes, un debilitamiento severo en la idea de comunidad, solidaridad, respeto por el otro y su trabajo. Son comunes desde hace unos años los robos y los delitos dentro de las grandes villas. Los vecinos más viejos coinciden en que esta situación es inédita.

La canchita es el espacio que nadie se atreve a invadir, constituye, tal vez, la única convención tácita. Es por ello que se resalta la importancia del deporte como elemento de comunión social, tan espontáneo como la construcción colectiva de la villa.


Fotos: Arq. Guillermo Daniel Meyer

Durante la última dictadura se procuró la erradicación de las villas mediante topadoras para enviar a sus habitantes a otras zonas: por ejemplo, hacia 1982, se publicó a través de la Comisión Municipal de la Vivienda, un boletín sobre las erradicaciones de las villas. Estaban hablando de más de 20.000 personas (villa 29 del Bajo Belgrano, 30 de Colegiales, etc). Estas fueron eliminadas en menos de un año sin definir a donde se llevaba a la gente. El plan consistió, según lo reconocido en esa publicación, en someterlos varios meses a un “estado de sitio interno”, se cortó el agua y la luz, se prohibió la circulación de vehículos, se clausuraron los comercios y se demolió la casa de los “sospechosos” o de aquellos que intentaban alguna mejora o vender su vivienda. Todo esto con un comisario a la cabeza del operativo (etapa denominada “desaliento”). Quedando al final de todo eso la limpieza del terreno. Finalmente la población de las villas se redujo de 280.000 personas en 1977 a 33.562 en 1978. Esta política apuntaba a ocultar la vergüenza fuera de la capital y no a resolver el problema de fondo ya que esa población era escondida en barrios más alejados de la Ciudad. Así fue que las villas de la Capital se poblaron nuevamente alcanzando la población actual de casi 200.000 habitantes.

En oposición a los viejos planes de erradicación, con el advenimiento de la democracia se consolidó la idea de la radicación y urbanización para terminar definitivamente con el problema. Pero el tema no era simple. Casi sin tierras libres suficientes, si cada vivienda ocupa 40m2, los planes oficiales exigieron de 80 a 100 m2 en lotes individuales, más las superficies para plazas y calles, con lo que inexorablemente o se expulsa gente o se buscan alternativas tales como edificios de hasta 3 pisos, viviendas en tira, condominios u otras soluciones técnicas. Manejado con habilidad por las autoridades no debería ser un tema muy grave, pero lleva amargas discusiones entre grupos rivales u otros inconvenientes que obligaran a reajustar todo el proceso y buscar el consenso para que nadie quede disconforme con lo que recibe.

Desde la consolidación democrática este proceso ha tenido altas y bajas. En 1991, en el marco del Plan Arraigo, el Estado Nacional vendió a las villas 21-24, 20, 15, entre otras, la tierra que ocupaban, pero esto no alcanzó, por ejemplo, a la Villa 31, sobre la cual regularmente se abren debates debido a sucesivas propuestas de erradicación. Los intendentes Bouer y Domínguez intentaron la entrega de subsidios para iniciar un proceso de desalojo de esa villa, pero los 12.000 pesos otorgados fueron insuficientes para que esas familias pudieran encarar alguna solución habitacional. Como resultado volvieron a instalarse en la Villa dando origen a la denominada Villa 31 bis.

Casas tomadas

Estas están contenidas dentro del tejido de la “ciudad oficial”. Al igual que en el caso de la villa a mayor escala, son espacios abandonados que son ocupados. Se concentran sobre todo en áreas degradadas del Sur de la Ciudad de Buenos Aires y en la traza de la nunca realizada AU3 en el norte. En San Telmo las antiguas casonas de la clase pudiente fueron abandonadas cuando esta se mudó al norte, las mismas se convirtieron en conventillos o en edificios destinados al alquiler.

La posterior degradación, y normativas de protección patrimonial que congelaron el barrio sin un programa de conservación y gestión, hicieron que una parte de esos edificios se convirtieran en casas tomadas. Otros barrios como La Boca sufrieron una franca decadencia al perder su antiguo y característico rol portuario, algo parecido sufrió Barracas por la decadencia de la actividad industrial. Esto determinó que en estos barrios muchas propiedades en estado de abandono fueran ocupadas.

En el caso de la ex AU3, muchas propiedades fueron expropiadas para la construcción de la autopista, pero al no materializarse el proyecto fueron en gran medida tomadas.

Esta modalidad, a diferencia de las villas miseria, toma rasgos similares al del entrono barrial, pero esa similitud es aparente ya que se reduce solamente a la fachada que no expresa a simple vista la forma de utilización de su interior. Pero algunas señales evidencian la forma de ocupación como ventanas tapiadas, pérdidas de agua que provienen de la casa por la deficiencia de las instalaciones, etc.

La distribución interna responde a una cuestión de jerarquía entre quienes organizaron la toma y los que los siguieron. Los sanitarios se localizan en el fondo del lote o se construyen donde se puede. La trama de mangueras, a modo de instalación precaria, extiende la red sanitaria al interior de las piezas destinadas a cocina.

La casa se densifica ocupándose incluso los patios interiores anteriormente destinados a dotar al edificio de iluminación natural y ventilación, a veces cumplen el rol de depósito del producto de la actividad del cartoneo.

Cuando el uso original era industrial, los grandes espacios pasan a albergar unidades independientes reproduciéndose la conformación de una villa dentro de esos espacios. En el caso de los esqueletos de hormigón armado, la fachada es terminada con mampostería, pero la precariedad de la misma y la ausencia de terminaciones delata la toma. Hay que considerar dentro de este problema los perjuicios sufridos por los propietarios legítimos de estas propiedades.

Según proyecciones del GCBA, se estima que la población que vive en esa situación en la Ciudad es de 200.000 personas.

Inquilinatos, hoteles y pensiones

Esta modalidad se encuentra sobre todo en el Sur de la Ciudad de Buenos Aires y Avellaneda. Los inquilinatos son edificios conformados por varias habitaciones alrededor de un patio común. Sus habitantes ocupan una o más piezas en carácter de locatarios mientras que comparten los servicios. Por lo general la fachada no expresa esta modalidad de habitar.

En cambio los hoteles cuentan con un cartel exterior que expresa la modalidad del hábitat. Internamente se componen por una recepción y una cantidad de piezas. Los precios de alquiler de una pieza de hotel son superiores a la de un inquilinato y al no existir contrato por medio, el dueño puede disponer el desalojo sin necesidad de intervención del poder judicial.
Según estudios de la Defensoría de la Ciudad, aproximadamente 70.000 personas viven en inquilinatos y otras 70.000 en hoteles.

Barrios suburbanos

Estos barrios se caracterizan por ser ciudad aún en construcción. Para sus habitantes es constante la lucha por el lote propio y la llegada de servicios como agua corriente, cloacas, gas, etc, Últimamente los suburbios se caracterizan por una construcción fragmentada entre barrios cerrados ricos y barrios pobres.

Conjuntos habitacionales degradados

Durante muchos años las políticas enfocadas hacia la resolución de la problemática del hábitat degradado y precario planteaban el desarrollo de grandes moles de edificios de alto costo de construcción e implantados en sectores aislados e la ciudad. Estos fueron construidos según una visión que no consideró las características sociales de sus habitantes ni sus demandas. Por lo general escindidos de la trama urbana de la ciudad tradicional y con una aspiración de autosuficiencia.

Pero la sola dotación de una vivienda mínima no bastaba para solucionar la situación de pobreza. Al poco tiempo comenzaron a producirse, conflictos internos, administraciones anárquicas y consecuentes dificultades de mantenimiento, que finalmente reprodujeron un proceso de degradación, hacinamiento y marginalidad (Fuerte Apache, Soldati, etc.)


Conjunto Villa Soldati

Algunos lineamientos básicos para una política de vivienda y hábitat son:

- Una política de vivienda debe considerar en su punto de partida, además de la escala edilicia, la escala urbana, ya que un hábitat de calidad o aceptable debe incluir también el espacio donde las viviendas se insertan. Gran parte de la población no solo vive en una vivienda precaria o degradada, sino en un contexto urbano degradado o fragmentado, sin acceso a servicios ni infraestructura. También debe considerarse el impacto que, a su vez, los nuevos barrios pueden generar en los barrios existentes en su entorno. El espacio público es el que otorga el carácter urbano al lugar de implantación de la vivienda, es el espacio de socialización e interacción social por excelencia.

- Además de vivienda estos ciudadanos necesitan que su barrio se integre a la ciudad formal y oficial mediante la continuidad de la trama urbana, calles, avenidas, áreas verdes y servicios provistos de manera regular los cuales pasarían a ser abonados como corresponde.

- La cuestión del hábitat debe ser parte de una política integrada donde cada acción se encuadre dentro de los objetivos generales de mejoramiento integral de la calidad de vida donde cada grupo de población y cada sector de territorio sea objeto de una acción unificada y coherente que comprenda los aspectos habitacionales, ambientales, económicos, educativos y sanitarios. No puede dejarse de lado la cuestión ambiental, las nuevas viviendas deberán contar con servicios cloacales eliminando los pozos ciegos, verdaderos focos de contaminación.

- Debe desarrollarse con una metodología participativa que incorpore a los vecinos del nuevo barrio y a los de los barrios de su entorno en el diseño, la implementación, el control de gestión y la eventual reformulación de los programas, proyectos y planes.

- Debe incluirse el conceto de desarrollo comunitario y la recuperación de la cultura del trabajo.

- Es clave una planificación y gestión económico-financiera integral para dar certeza a la continuidad de las inversiones, permitiendo una planificación en el corto, mediano y largo plazo, más allá de los períodos administrativos y tiempos electorales.

- Una gestión ejecutiva transversal mejorará la coherencia e integración entre las diversas problemáticas.

- Es necesaria una política de tierras activa y específica que permita destrabar el desarrollo de villas y asentamientos superpoblados y el aprovechamiento de las tierras disponibles.