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lunes, 21 de enero de 2013

A las naciones se les predica con la conducta de sus gobernantes

Por Juan Tosi

Se cumplen hoy 30 años de la desaparición física del Doctor Illia.


















Habitualmente se rescata la memoria del Doctor Illia como sinónimo de austeridad y rectitud cívica. Es indudable que esto se debe a sus valores como persona y a su honradez comprobada, que muy pocos se animaron a poner en duda. Pero podemos considerar otro aspecto de este "simple ciudadano" que ocupó por escasos 3 años la presidencia de la República en medio de una década convulsionada: Su gestión de gobierno.

Las medidas tomadas en esos escasos años y con un parlamento adverso, fueron de un altísimo contenido político y distan mucho de la imagen de "lentitud, corrupción e inoperancia" que maliciosamente le construyó el periodismo y el peronismo, siempre dispuestos a triturar a todos aquellos que se niegan a entrar en sus "negocios".

Brevemente podemos recordar:

La Argentina registró durante sus tres años de gobierno, una cifra sin precedentes de inversión en educación y cultura de alrededor del 23% del presupuesto nacional. La participación de educación en el PBI en el año 1963 fue del 12%, en 1964 del 17% y en 1965 del 23%. El gobierno de la UCR multiplicó la suma invertida en construcciones escolares por nueve e instaló 1500 comedores para sus alumnos. En 1964 creó el Plan Nacional de Alfabetización, al año, el Programa contaba con 12.500 centros de alfabetización y su tarea alcanzaba a 350.000 alumnos de 18 a 85 años de edad. Se graduaron 40.000 alumnos en la UBA, la cifra más alta en toda la historia de la Universidad. Se eliminaron las restricciones que pesaban sobre el peronismo y el Partido Comunista y se promulgaron penalidades a la discriminación y violencia racial.

El Nobel de Química argentino, Luis Leloir consultado años más tarde aseguró: “La Argentina tuvo una brevísima edad de oro en las artes, la ciencia y la cultura, fue de 1963 a 1966”.

Se anularon los contratos de concesión a las empresas petroleras por "vicios de ilegitimidad y ser dañosos a los derechos e intereses de la Nación". Promulgó la ley del salario mínimo, vital y móvil, previa a la constitución del Consejo del Salario. Promovió la Ley de Abastecimiento, destinada a controlar los precios de la canasta familiar y la fijación de montos mínimos de jubilaciones y pensiones. Se aprobó la ley de medicamentos, que establecía una política de precios y de control de medicamentos, congelando los precios a los vigentes a fines de 1963, fijando límites para los gastos de publicidad y a la posibilidad de realizar pagos al exterior en concepto de regalías y de compra de insumos. Se aprobó la ley de hacienda, que establecía que los productores de hacienda, ya sea de ganado ovino, bovino, vacuno o porcino tenían la oportunidad de solicitar un préstamo al gobierno para incentivar las inversiones en su producción.

También se redujo casi a la mitad la tasa de desempleo que pasó del 8,8% en 1963 a 5,2% en 1966. Los números de la macroeconomía, también llegaron a la participación de los trabajadores en el ingreso bruto, del 36,5% en 1963, Illia elevó al 41,4% la participación de sueldos y jornales. Argentina, mientras tanto aumentó su PBI durante todos esos años en un 7,8% en promedio. Llevó agua potable a 2 millones de habitantes de las zonas rurales y puso en funcionamiento 300 centro materno infantiles.

Su gobierno fue el constructor de una fecha histórica en la diplomacia argentina, el 16 de diciembre de 1965, la Asamblea General de la ONU aprobó por 94 votos a favor y ninguno en contra, la obligación de que el Reino Unido inicie tratativas con nuestro país por el conflicto de Malvinas. Resolvió rechazar el envío de tropas a República Dominicana para apoyar la intervención norteamericana hacia 1965. Illia sostuvo en la relaciones exteriores, los principios de no intervención y autodeterminación de los pueblos, inherentes al yrigoyenismo. En su mensaje inaugural dijo “No habrá para nosotros países grandes que debamos seguir, ni países chicos a los que debamos dirigir”. Redujo la deuda externa en una tercera parte de 3.400 millones de dólares a 2.600 millones.

Hecho este repaso podemos dar homenaje a su persona, que efectivamente, es de la que hoy se cumplen 30 años de su desaparición.

Un presidente de todos los días
Por Santiago Kovadloff
Publicado en HUMOR en enero de 1983.

No fue un Churchill. Ni un De Gaulle. Ni un Adenauer. No fue un Irigoyen ni un Perón. No despertó el fervor de las masas ni en su palabra palpito la genialidad de un iluminado. Con el no perdimos una personalidad deslumbrante. Ni un orador que nos cautivara. Ni una inteligencia sin par. Perdimos a un hombre bueno. Solo quienes ignoran el sentido medular de esta palabra pueden subestimar lo que ella implica cuando es atributo de un estadista.

Una vez a los argentinos nos gobernó un hombre bueno.

Ello implica: un ser para quien sus convicciones personales jamás fueron dogma, ni el prójimo un instrumento, ni el despotismo, ni el gobierno en sí mismo un fin.

El país anda hoy sediento de virtudes elementales: justicia, honradez, paz, confianza, trabajo y libertad. Son formas de la bondad que es, en última instancia, la esencia del altruismo. Una vez lo argentinos tuvimos por presidente a un hombre bueno. Si es hondo el deterioro de la Republica se debe a que la sustancia humanista de nuestra organización social se ha perdido. Deshecha por la frustración, ella parece haberse acercado como nunca a esa tierra de nadie y de nada que la Biblia intuyo bajo el nombre de Apocalipsis.

A las naciones se las predica con la conducta de sus gobernantes.

Roguemos que no haya cundido, entre los gobernados de nuestra patria, el ejemplo de quienes la condujeron estos últimos años. Que no hayamos aprendido a asesinar para resolver nuestras discrepancias. A estafar, a mentir, a aterrar, a sobornar, a torturar y a negar nuestros actos. Roguemos que cunda, en cambio, el ejemplo de hombres como el que ahora perdimos y que caben cómodamente en la palabra bueno.

Con el se fue un rostro transparente. Por lo tanto, un rostro excepcional en la Argentina moderna. El rostro de un hombre que nunca recurrió al lenguaje para estafar a quienes lo escuchaban. Que jamás hablo para ocultar sino para darse a conocer entero.

Hubo en la historia del país algunos estadistas a quienes es posible imaginar de pie y sin custodia en cualquier esquina de Buenos Aires, confundidos con la marea ciudadana. Hombres entre hombres. El fue uno de ellos. Todo en el remitía a las virtudes del ciudadano cabal. A quienes trabajan y recorren las ciudades y los campos. A quienes habitan las casas donde no hay armas ni centinelas. A quienes desconocen la retorica, la soberbia, el miedo que emana de las acciones miserables y las mediocridades del lujo mal habido.

Entre los que gobernaron la Nación, hubo algunos a quienes es posible identificar con los gobernados porque fueron seres de su misma estirpe. El fue uno de ellos. Fue, como los millones que le dan forma al cotidiano del país,
un presidente de todos los días.

Si como quiso el griego clásico, los muertos hablan a los vivos desde el reino de las sombras, pidamos que su voz no se aparte de la patria; que se haga oír
y que respalde a los que aun creemos que la Republica es posible. Que nos alumbre para que sepamos qué no hacer, que no decir, que no creer, que no escuchar. Ya nos ocuparemos nosotros, bajo su aliento inspirador, de seguir luchando más y mejor por lo que sí cabe hacer, decir, creer y escuchar.

Y para que un día este suelo sea de contar al Dr. Arturo Humberto Illia entre quienes en el descansan en paz.







































Hace 10 años, Jaime Rosemberg escribía en La Nación:

El escribano general de gobierno no podía salir de su asombro. Frente a su escritorio, serio y muy seguro, estaba el hombre que un día antes había sido echado a los empujones de la Casa Rosada. Ese 29 de junio de 1966, Arturo Umberto Illia venía a efectuar su declaración de bienes.

Los datos eran también sorprendentes. Illia había comenzado su gestión tres años antes con un auto, una casa y un depósito bancario de 300.000 pesos. Se iba del poder con la casa, de a pie y con la cuenta bancaria en blanco. Los gastos reservados de todo el período no habían sido usados y fueron devueltos al fisco.

Ese era Illia. El hombre político que hizo de la decencia una forma de vida. El médico que desde la militancia en el radicalismo llegó a la presidencia, y que siempre confió en las virtudes democráticas que su partido debía irradiar a toda la sociedad.

 


















Arturo Illia y su revolución en democracia
Por Rodrigo Estévez Andrade
Diario Inédito, 18 de enero de 2013.

Fue médico ferroviario y cordobés por adopción, se dedicó a la política y la salud con la misma pasión desde muy joven. La UCR lo hizo presidente de la Nación en 1963. Era un hombre de aspecto imponente y voz clara. Quienes lo acompañaron sostienen que era tozudo y a la vez dialoguista.

Fue todo lo que ansío ser en la vida política de una Argentina convulsionada por los quiebres institucionales. Senador provincial del sabattinismo, vicegobernador en 1940. Diputado nacional en el ´48, perdió sus candidaturas a gobernador y senador nacional a fines de los ´50. Fue electo gobernador en las elecciones anuladas de 1962 y el 12 de octubre de 1963 accedió a la máxima responsabilidad que hombre público alguno pueda aspirar en su carrera política, la presidencia de la Nación.

Illia había sido electo por uno de cada cuatro votantes en una elección donde el peronismo había ordenado una vez más el voto en blanco, la UCR obtuvo el 25,2% de los sufragios y el peronismo en franca caída solo alcanzó el 21,2%. Muy por debajo del 24,7% de las elecciones de 1957 y del 25,2% de las de 1960. El peronismo representó a uno de cada cinco votantes.

De ese modo, la UCR volvió al poder luego de 33 años. Según Alain Rouquié, Illia había recibido un apoyo que iba “desde los conservadores hasta los comunistas, pasando por los neoperonistas”.

Su gobierno no solo fue austero, también fue una verdadera revolución democrática en la administración de los recursos públicos. La campaña se basó en dos pilares: el rechazo a las imposiciones del Fondo Monetario Internacional y la denuncia de los contratos petroleros del gobierno de Frondizi y la UCRI. Sus dos temas centrales de gestión fueron la salud y la educación.

El día posterior a ser derrocado por un golpe con “olor a petróleo” como aseguraron muchos, el presidente de la decencia republicana, volvió a ingresar a la Casa de Gobierno. Sí, como lo están leyendo. Lo hizo para efectuar ante el escribano general de gobierno su declaración de bienes personales. Ese fue don Arturo Illia. En tiempos en los que las declaraciones de bienes de los funcionarios públicos son puestas en discusión por figuras del espectáculo, Illia traza un abismo. Había ingresado con trescientos mil pesos en su cuenta bancaria y se iba con su cuenta en cero. Tenía un auto al iniciar su mandato y debió irse en taxi. Mientras que los gastos reservados de sus tres años de gestión fueron devueltos en su totalidad al fisco.

Un 18 de enero caluroso del año en que retornó la democracia definitivamente a la Argentina, Illia se despedió por la puerta grande de la historia. Fue velado en el Congreso de la Nación y a pesar del receso veraniego, una multitud acompañó sus restos día y noche.

martes, 8 de junio de 2010

Reforma Universitaria de 1918

Por Guillermo Meyer
Ex Presidente del Centro de Estudiantes de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo de la UBA durante los períodos 1996-1997 y 1997-1998, por la agrupación Franja Morada.




Los hechos

La Academia de Medicina de la Universidad Nacional de Córdoba resolvió suprimir el internado del Hospital de Clínicas argumentando razones de economía y moralidad. Este internado era la única escuela práctica para estudios médicos, lo cual provocó airadas protestas de los estudiantes encabezados por Alfredo Degano, Presidente del Centro de Estudiantes.

Al mismo tiempo otro conflicto surgía en Ingeniería debido a una "ordenanza de decanos" que imponía exigencias más estrictas para la asistencia a clase. Frente a la huelga generada por la indignación estudiantil, el Secretario General de la Universidad, Ernesto Gavier solicitó ayuda al Subintendente de policía solicitando efectivos para evitar las protestas a lo cual le respondió afirmativamente.

El Comité Pro Reforma ya funcionaba integrado por delegados de las tres facultades presidido por Horacio Valdés, de Derecho, y Gumersindo Sayago, de Medicina. El 31 de marzo el Comité llamó a la huelga general reunido en el Teatro Rivera Indarte. En esa ocasión hicieron uso de la palabra Arturo Orgaz, Arturo Capdevila, Horacio Valdés, Gregorio Bermann, Ismael Bordabehere. Finalmente fue Sayago quien leyó la convocatoria a la huelga señalando en uno de sus párrafos: "La juventud de Córdoba, animada por un impulso irresistible de progreso, se halla en lucha con su vieja y ruinosa universidad. Sus autoridades regresivas, empecinadas en el mantenimiento del dogmatismo docente y en la defensa de intereses insostenibles, se oponen con desdeñoso autoritarismo al impostergable anhelo de renovación que desde largos años le reclaman en vano los propios hijos del vetusto hogar intelectual". También dijo: "No nos arrojamos por la pendiente de una rebelión estéril contra las gratas disciplinas del trabajo y del estudio. Aspiramos a vivir en las aulas del saber, la vida plena del intelecto, en el ambiente del verdadero liberalismo científico, profesado en las cátedras modernas, excento de prejuicios dogmáticos, desbrozado de arcaicos convencionalismos mentales. Nos levantamos para sacudir la esclavitud mental en la que se pretende mantenernos".

La respuesta no se hizo esperar, el 2 de abril, el Secretario General de la Universidad, Ernesto Gavier emitió la nota de clausura de la Universidad prohibiendo la entrada a toda persona que no sea académico, profesor o empleado de la misma. El 3 de abril, con el fin de justificar la suspensión de las clases, el Consejo Superior y el Rector Julio Deheza se dirigen por nota al Ministro de Justicia e Instrucción Pública de la Nación, José Salinas.

Al otro día el Comité Pro Reforma Universitaria se dirigió a Salinas solicitando la intervención de la UNC. En la nota, firmada por Horacio Valdés e Ismael Bordabehere, señalan que la clausura de la clases por el rectorado obedece a un intento de: "mantener su predominio de tres lustros, una viciosa oligarquía educacional condenada por todo el país, por la ineptitud docente y administrativa de sus miembros, por si inferioridad científica y la voracidad de sus apetitos".

El 11 de abril el Presidente Hipólito Yrigoyen firmó el decreto de intervención, para la cual designó a José Nicolás Matienzo. Este regresó el 23 de abril a Buenos Aires luego de discutir un proyecto de reforma de los estatutos con el Consejo Superior que serían aprobados el 7 de mayo.
El 16 de mayo nació la Federación Universitaria de Córdoba (FUC) absorviendo las funciones del Comité Pro Reforma.

En virtud de los nuevos estatutos, el 15 de junio se convocó la Asamblea que debería elegir rector. Para esa Asamblea, si bien no participaban directamente de la elección, los estudiantes habían apoyado la candidatura a rector del Dr. Enrique Martínez Paz. Los sectores conservadores fueron representados por el Dr. Antonio Nores Martínez, miembro de la Corda Frates. Hubo un tercer candidato, Alejandro Centeno.

En la primera votación Nores Martínez consiguió 15 sufragios frente a los 13 que obtuvo Martínez Paz y 10 de Centeno. Al no obtener ningún candidato la mayoría se repitió la votación que dio el mismo resultado que la primera. En la tercera votación los votos de Centeno se volcaron a Nores Martínez con lo cual accedía al rectorado con 23 sufragios. Los estudiantes desalojaron el salón y declararon la huelga por tiempo indeterminado ante lo que consideraban una traición. Efectivamente los estudiantes tenían una alianza con algunos profesores liberales que aprobaban la modificación de los estatutos con el objeto de superar la marginación a la que se veían sometidos por la camarilla que dominaba las academias. Ese día quedó evidenciada la debilidad de esa alianza que llegaba a su fin.

Ese día no se pudo realizar la proclamación del rector, la indignación de los estudiantes derivó en la rotura de cristales y la expulsión por la fuerza de los gendarmes que estaban de custodia. La convocatoria a la huelga fue firmada por un millar de estudiantes que abandonando la Casa de Trejo se lanzaron a las calles. Los estudiantes lucían cintas moradas en sus solapas, se dice que fueron hechas a partir de dos cinturones eclesiásticos sustraídos del lugar, otras versiones señalan que su origen fue una cortina. Desde entonces el color morado pasó a identificar al reformismo e inspiraría el nombre de la agrupación estudiantil reformista Franja Morada.
El Secretario Gavier y el vicerrector Belisario Caraffa enviaron al otro día una nota al Ministro Salinas informando la elección de Nores Martínez y minimizando las protestas. Al mismo tiempo la FUC enviaba una nota a Matienzo solicitando su presencia en Córdoba. Este respondió que su misión ya había concluido y les aconsejó tener paciencia hasta que la Reforma comenzara a mostrar sus frutos.

Pero los hechos evidenciaban que, más allá de la mejora de los estatutos, había que derrotar a un régimen que dominaba la universidad. El proceso reformista debía proseguir y para la siguiente etapa era necesario salir de entre los muros de la universidad y buscar la intervención de toda la sociedad, salir a las calles.

La huelga general se extendió contando con la adhesión de todas las Federaciones Universitarias del país (Buenos Aires, La Plata, Santa Fe y Tucumán). El 21 de junio se lanzó el Manifiesto Liminar de la Reforma, redactado por Deodoro Roca, quien asomó como líder del movimiento.


La expansión del movimiento reformista no se limitó a las fronteras de nuestro país, sino se extendió por toda Latinoamérica. En algunos países dio origen a partidos políticos relevantes como la Alianza Democrática que gobernó Venezuela en la década del `70 o el APRA, que gobernó Perú en los `80.

El 7 de agosto se produjo la renuncia de Nores Martínez. Se designó interventor al Dr. Telémaco Susini quien nunca asumió ante las presiones eclesiáticas que lo acusaban de anticlerical. Finalmente el propio Ministro Salinas ocupó la intervención de la UNC. Fue designado el 23 de agosto.. El 27 de ese mes la FUC reunió aproximadamente 20.000 personas en un acto de protesta y tras quince días de agitación se decidió la ocupación de la Universidad con el objeto de acelerar el viaje y la asunción de Salinas. El 9 de septiembre 83 estudiantes concretaron la ocupación de la casa de Trejo, declararon abierta la universidad y pusieron fecha de inicio a los cursos. Finalmente los estudiantes fueron detenidos y acusados de sedición pero el objetivo se cumplió con la asunción de Salinas el 12 de septiembre.

Salinas reorganizó los planes de estudio y los estatutos se aproximaron aún más a las aspiraciones del movimiento estudiantil. El 11 de octubre la Universidad abrió sus puertas tras la reorganización reformista.

Ese mismo años los estatutos de la Universidad de Buenos Aires fueron modificados respondiendo decididamente a los postulados reformistas.

Al apoyo del gobierno Yrigoyenista fue clave para el éxito de la Reforma, en una comunicación telegráfica realizada por la FUC al propio presidente Yrigoyen consignado en el diario local La República, el 9 de octubre de 1918 dice: "La Federación Universitaria, aquilatando esa obra patriótica que coloca a V. E. entre los argentinos ilustres, envía al primer mandatario de la nación su aplauso entusiasta y sincero..."

Contexto

En ese tiempo existían en Argentina tres universidades nacionales y dos provinciales surgidas en momentos históricos diferentes: Córdoba (fundada en 1613) creada en el período colonial y de origen confesional; Buenos Aires (fundada en 1821) producto de la independencia y el liberalismo; La Plata, fundada como resarcimiento a la Provincia de Buenos Aires luego de la nacionalización de la Ciudad de Buenos Aires y de su Universidad; Santa Fe (fundada en 1887), concebida siguiendo el ejemplo de la Universidad de Buenos Aires y por último la de Tucumán (fundada en 1914), inspirada en las universidades alemanas. Estos establecimientos fuertemente diferenciados entrarían en un conflictivo proceso de homogeneización como consecuencia de la Reforma Universitaria.

Durante los siglos XVIII y XIX varios estados europeos desarrollaron un proceso de modernización científica y productiva a través de los nuevos descubrimientos y la revolución industrial, asimismo también se daba un proceso de modernización institucional a través de revoluciones burguesas liberales, algunas virulentas (Francia) y otras más paulatinas (Inglaterra).

Mientras eso sucedía España seguía siendo una potencia donde la estructura política y social del medioevo aún persistía. En este esquema la cultura era un privilegio para pocos o orientada sobre todo a formar clérigos y doctores. La estructura educativa estaba controlada por la iglesia y dirigida por las diversas órdenes religiosas, y los estudios superiores se caracterizaban por los prejuicios nobiliarios.

Consecuentemente las universidades españolas en América eran centros escolásticos, de espíritu aristocrático y de formación burocrática al servicio de la corona y de la Iglesia. Así fue que las nuevas ideas democráticas y liberales, los descubrimientos y avances de la ciencia y de la técnica -producto de la Revolución Industrial- no llegaron a modificar sustancialmente los sistemas de enseñanza superior. Se ocultaban las teorías científicas de Newton, Copérnico y Darwin porque contradecían lo establecido por el poder clerical poniendo en tela de juicio la concepción filosófica medieval basada en el mundo aristotélico y la Summa Teológica de Santo Tomás de Aquino. Esta concepción filosófica justificaba el derecho divino de la monarquía, es decir, la existencia de hombres naturalmente predestinados a dominar a otros que, consecuentemente, lo estaban para ser dominados a modo de seres inferiores. Así la fe ciega se exigía para fomentar la ignorancia y así evitar que el estudio y la investigación llevara al cuestionamiento crítico de aquella concepción del mundo y el orden social que de ella derivaba. Este mundo duró aproximadamente 1000 años sostenido por poder eclesiástico totalmente alejado de los verdaderos ideales cristianos. La amenaza de condena a la hoguera a Galileo Galilei es una muestra de lo lejos que estaban dispuestos a llegar.

Si bien la independencia de las colonias españolas estuvo basada en los nuevos ideales, en estas universidades la mentalidad colonial persistía.

Como señalamos, la Universidad de Córdoba fue fundada durante la dominación colonial, y si bien la independencia de las colonias españolas estuvo basada en las nuevas ideas en estas universidades la mentalidad colonial y la teología junto a los resabios de la constitución heredada de los jesuitas persistían constituyendo un reducto ideológico de la oligarquía en esa provincia. Los criterios pedagógicos reconocían la influencia decisiva de las corporaciones profesionales que controlaban cada una de las facultades, los flamantes profesionales recorrían las calles con su toga y efectuaban ritos propios de la Edad Media a modo de ceremonia de graduación. El Estatuto de la Casa de Trejo databa de 1879 y los cuerpos directivos no se renovaban jamás.
El mundo avanzaba y cambiaba, y la Argentina, aunque tardíamente, también. Al llegar al poder la Unión Cívica Radical con Hipólito Yrigoyen, enfrentó en todos los ámbitos a la oligarquía, incluso en la Universidad y los estudiantes reformistas se apoyaron en él: "No vengo a ver al Presidente", le dijo Enrique Barros, presidente de la FUC en su primera entrevista, "sino al hombre que ha conspirado durante 30 años contra la oligarquía y que pudo haber muerto antes de conseguir la Primera Magistratura".

En 1918 se da fin a la primera Guerra Mundial, la Revolución Rusa y la Revolución Mexicana alentaban las esperanzas de algunos y la reacción de otros. La ciencia inventaba prodigios: cine, teléfono, radio, automóvil, aeroplano. La concepción positivista de la ciencia basada en el método experimental predominaba en la Europa de entonces.

Mientras tanto en nuestro país se consolidaba una clase media que se extendía rápidamente en el escenario político y social de la época producto de la incipiente expansión de la economía urbana, y que, por supuesto, pugnaba por abrirse paso en el ámbito social y económico.
Si bien el poder político cordobés estaba en manos de una oligarquía "aggiornada" y liberal, las ideas democrático-liberales, el positivismo y el naturalismo produjeron una ruptura interna en su seno: apareció una fracción liberal progresista, en cierto modo contestataria, integrada por los propios hijos réprobos de las principales familias oligárquicas. De alguna manera, en la universidad se vivía este conflicto generacional.

En el plano universitario, el movimiento estudiantil en Córdoba pretendía alcanzar las reformas que ya había logrado la UBA después de 1906; la disminución del poder de las academias y la participación plena de los docentes en el gobierno universitario.

La reforma Universitaria era una alternativa al oscurantismo cultural, las concepciones dogmáticas, pero también elabora y desarrolla propuestas pedagógicas destinadas a garantizar un flujo continuo del proceso de creación intelectual. Procuraba que las Universidades se mantuvieran acordes al proceso de evolución intelectual y científica que se producía en el mundo para evitar todo anquilosamiento. Respondía además a un proyecto político, a un modelo determinado de sociedad, la búsqueda de una identidad latinoamericana y de encuentro con la cuestión social.

La Reforma en la UBA

La Universidad de Buenos Aires fue creada en 1821 por iniciativa de Bernardino Rivadavia, entonces Secretario de Gobierno del Gobernador Martín Rodríguez. Su creación fue inspirada por las mismas ideas de la ilustración y el liberalismo que animaron el proceso de independencia, y se consolidó institucionalmente bajo el rectorado de Juan María Gutiérrez (1861-1873). Su nacionalización y la promulgación de sus estatutos (1886) en concordancia con la Ley Avellaneda (Ley 1597), definió y fortaleció su estructura y la de sus facultades (entonces Derecho y Ciencias Sociales, Ciencias Médicas y Ciencias Físico - Matemáticas).

La Universidad de Buenos Aires describió un importante proceso de transformación como consecuencia de los reclamos estudiantiles y profesores de los años 1905-1906. El núcleo central del conflicto se refería al poder de las academias en la Universidad. El desplazamiento de éstas a favor de la participación docente en el gobierno universitario fue acompañado por el reclamo de modernización de los aspectos didácticos y académicos. En 1906, recién inaugurado el rectorado del Dr. Eufemio Uballes, se sancionó un nuevo Estatuto que ponía a prueba la flexibilidad de la Ley Avellaneda. El Estatuto reemplazaba las academias por consejos directivos electivos con la participación de los profesores.

Los sucesos de Córdoba del año 1918 encontraron a la UBA al mismo Uballes en el rectorado y a una conducción permeable a los cambios. Ese mismo año se reformaron los estatutos contemplando la representación estudiantil en el gobierno de la UBA. El nuevo Estatuto de 1918 contenía la síntesis de los reclamos más importantes de los sectores reformistas. El gobierno universitario se modificaba; sus miembros eran elegidos en tres actos eleccionarios separados: ocho por los profesores (titulares y suplentes) y cuatro por los alumnos. En 1922 la Asamblea Universitaria eligió al primer rector con los nuevos procedimientos eleccionarios y, en apretada elección asumió el rectorado el Dr. José Arce.

Postulados reformistas:

Autonomía: Faculta a la comunidad universitaria a dirigir la propia institución. Implica a su vez la posibilidad de preservar la Universidad de los enfrentamientos políticos coyunturales, de las presiones del poder político, de influencias eclesiásticas, para que pueda cumplir su función que es la de formar profesionales capaces de resolver los problemas del país, actuando como artífices del proceso de cambio permanente que exige toda sociedad.

La autonomía tiene tres aspectos: administrativo. Financiero y científico-pedagógico. La relación entre ellos es muy estrecha, al punto que suprimiendo uno, los restantes pierden eficacia. De allí que es posible avanzar sobre la autonomía de muchas maneras, aunque formalmente se la reconozca. El medio más inmediato es el de reducir presupuesto.

La exigencia de autonomía se hace inseparable de la reproducción en el seno de la Universidad del modelo político democrático. Esto es, de la elección periódica de los claustros del gobierno tripartito igualitario.

Cogobierno: La autonomía brinda entonces la posibilidad de que sea la comunidad universitaria la que dirija los destinos de la institución. El gobierno compartido por docentes, graduados y estudiantes es la confirmación de la democratización del gobierno universitario. Si bien el grado de participación ha sido diverso, como específicos los problemas de cada uno de los claustros, la incorporación estudiantil impulsó la participación activa del estudiante en sus problemas inmediatos y despertó el interés y la preocupación por los grandes problemas del país. Lo convirtió en un sujeto politizado activo y comprometido y en ese sentido la Universidad también tiene la misión de formar ciudadanos y no sólo profesionales. Esta nueva conciencia fue la principal responsable de la organización gremial de los estudiantes: centros de estudiantes, federaciones regionales, la FUA, que son producto del pensamiento y el accionar reformista.

Periodicidad de cátedra: Implica la renovación periódica de los profesores, impidiendo en anquilosamiento de la enseñanza, obligandoa los docentes a un continuo perfeccionamiento y posibilitando que la Universidad se renueve permanentemente de acuerdo con los cambios del pensamiento científico y filosófico. A través de concursos de oposición y antecedentes.

Libertad de cátedra: Implica colocar en un lugar relevante el pluralismo ideológico y la libertad d debate, en el sentido de facilitar y garantizar la más amplia discusión de ideas. Impide el dogmatismo, perfecciona el proceso de enseñanza y garantiza el avance de las ciencias.

Gratuidad e ingreso: para que la educación fuese popular se debía evitar todo tipo de discriminación. La educación se convertía en una inversión a largo plazo del conjunto de la sociedad y no en una posibilidad individual de formación. A partir de este principio se fueron incorporando importantes sectores de la clase media, y más entrado el siglo, sectores populares accedieron a la educación universitaria adquiriendo una posibilidad cierta de movilidad social.
Investigación: Tiene un lugar preponderante en la Universidad, ya que a partir de ella se profundizan los conocimientos, se abren nuevos interrogantes a la ciencia y se actualizan los planes de estudio. Además cumple un rol fundamental en la contribución que puede realizar en la definición y el desarrollo de un determinado modelo de país.

Extensión: Es la inserción de la Universidad en la realidad social del país, a partir de la definición de un espacio mutuo intercambio, donde la Universidad brinde a partir de programas diseñados al efecto, la difusión de la ciencia y la cultura y la solución de algunos problemas, especialmente a los sectores sociales marginados de la educación universitaria por su situación estructural. Al mismo tiempo se pretende que recoja las demandas de la sociedad a la cual debe su razón de ser y las tanga en cuenta a la hora de la definición de planes de estudio y planificación de actividades.

Vocación de latinoamericanismo: Contra los moldes científicos y culturales europeizantes que se trasladaban a la educación en la vieja Universidad, surge una nueva actitud. Esta viene dada por la necesidad de reafirmar una identidad que trasciende las fronteras hacia una integración latinoamericana, cuyo presupuesto es la unidad de sus pueblos y el rechazo de las pretensiones hegemónicas de los imperialismos foráneos.

Evolución histórica de la Universidad Reformista

La evolución de la Reforma durante el último siglo fue conflictiva y sufrió los vaivenes de una historia turbulenta.

En 1930 se produjo el primer golpe militar encabezado por el general José Félix Uriburu, que desalojó ilegítimamente al gobierno de Hipólito Yrigoyen inaugurando el período denominado "década infame" caracterizada por el "fraude patriótico".

En ese período la Universidad fue intervenida, la FUA fue declarada ilegal así como todos los organismos estudiantiles que fueron clausurados y sus dirigentes perseguidos y encarcelados. Los docentes que reclamaron la restauración de la universidad democrática fueron cesanteados.

Mientras, el intelectual anarquista que aconsejaba a Deodoro Roca mayor combatividad ahora apoyaba la dictadura, ahora es uno de los ideólogos de la dictadura: Leopoldo Lugones.

Hacia 1943, los militares argentinos encabezados por el general Ramírez y con el concurso de una logia nacionalista denominada GOU, Grupo Obra de Unificación, integrada entre otros, por el Coronel Juan Domingo Perón, resolvieron el derrocamiento del Presidente Ramón Castillo.

Al poco tiempo las Universidades fueron intervenidas y el gobierno declaró ilegal la FUA, disolvió sus federaciones regionales y clausuró los centros de estudiantes. Asimismo se dispuso la disolución de los partidos políticos y se instauró la enseñanza religiosa obligatoria. La teología fue incorporada como requisito para enseñar materias humanísticas en la educación superior.

En las elecciones de 1946 Perón derrotó a la Unión Democrática. El ministro de Educación del gobierno justicialista, Oscar Ivanissevich limitó la participación estudiantil en el gobierno universitario mediante la Ley 13.031. La FUBA ya integraba la oposición. Durante el segundo gobierno peronista recrudeció la persecución ideológica de la cual fueron víctimas también la intelectualidad y el reformismo.

Se desarrollaron políticas tendientes al crecimiento de la matrícula y se aumentó el presupuesto educativo. En 1953 se fundó la Universidad Obrera, luego llamada Universidad Tecnológica Nacional. En 1949 se eliminaron los aranceles universitarios y se suprimió el examen de ingreso.
Finalmente en 1954 se promulgó la Ley 14.297 para las Universidades Nacionales. Por un lado postulaba la gratuidad de la enseñanza, pero se suprimió la autonomía universitaria, el Rector ahora sería designado por el propio Poder Ejecutivo Nacional y los Consejos serían integrados exclusivamente por Decanos y profesores. Apenas es aceptado un delegado estudiantil por Consejo para asuntos específicos del claustro.

En 1955 otro golpe militar derrocó al Gobierno de Perón. Los profesores expulsados durante el peronismo regresaron mientras que ahora se expulsaba a los que adherían al anterior gobierno
El 28 de septiembre Eduardo Lonardi designó ministro de Educación a un hombre del conservadorismo católico, Atilio Dell'Oro Maini. Se derogaron las leyes 13.031 y 14.297 del peronismo y se garantizó nuevamente la autonomía universitaria. Pero por otro lado se incorporó la iniciativa privada para crear universidades y expedir títulos académicos.

En 1956, el decreto 10.775 aseguró la autonomía de las universidades. En Buenos Aires fue elegido rector Risieri Frondizi, ya con la vigencia del gobierno tripartito. Durante su período en el rectorado se crearon nuevas carreras, se inició la construcción de la Ciudad Universitaria en Nuñez y se creó la Editorial Universitaria de Buenos Aires (EUDEBA). A este período se lo ha llamado "la época de oro".

En 1958 Arturo Frondizi ganó las elecciones derrotando a la UCRP. La reglamentación del artículo 28 del decreto 6.403 de la anterior gestión de Dell'Oro Maini dividió al país entre los partidarios de la educación libre y los de la educación laica.

Los primeros estaban integrados por la derecha conservadora o liberal, sectores católicos y figuras como Alvaro Alsogaray, Raúl Matera, Monseñor Antonio Plaza, Antonio Salonia, y reclamaban para las universidades particulares el derecho de expedir títulos.

Por la defensa de la enseñanza laica estaban la UCR del Pueblo, el socialismo, la izquierda, el estudiantado reformista y la mayoría de las autoridades universitarias de entonces. A diferencia de los anteriores sostenían que como los diplomas y la habilitación eran de carácter público sólo podía expedirlos el Estado.

La mayoría de los estudiantes, que apoyaban la postura laica, ocuparon casi la totalidad de las facultades paralizándolas. Autorizar la creación de Universidades privadas era entonces sinónimo de confiar a la iglesia la formación de mentalidades y de reforzar la desigualdad social en el acceso a la educación superior. Finalmente en Congreso aprobó que las Universidades privadas podrían expedir títulos pero la habilitación profesional se reservaba como atribuciónEstado. En la práctica este poder fiscalizador se fue perdiendo, triunfando a la larga la posición privatista. La FUA se expresó en movilizaciones callejeras que fueron violentamente reprimidas por las fuerzas policiales. El gobierno instrumentó el Plan Conintes (Conmoción Interna del Estado), que habilitaba a las fuerzas de seguridad para capturar y encarcelar activistas sindicales y estudiantiles involucrados en planes de lucha o de acción directa.

En 1962 un golpe militar depuso a Frondizi. La FUA, pese a su postura crítica hacia el gobierno de Frondizi condenó la interrupción institucional. Consecuentemente fueron clausurados varios centros de estudiantes.

En los comicios de 1963 triunfo la fórmula de la UCRP, Illia-Perette con poco menos del 23 % de los votos, ante la abstención peronista. El Peronismo proscripto se manifestó a través del voto en blanco que ocupó el segundo lugar.

Por ese entonces, la FUA era conducida por estudiantes de izquierda independiente, coaligados en el PC que pusieron en marcha un plan de lucha consistente en paros, actos públicos, volanteadas, pintadas y ocupaciones de Universidades exigiendo mayor presupuesto para la educación, orientándolo fundamentalmente a la atención de los problemas económicos de los estudiantes (biblioteca, comedores estudiantiles, becas, residencias, etc.). Sin embargo, este gobierno fue de los que mayor presupuesto otorgó a la educación: alrededor de un 22% del presupuesto nacional.

En junio de 1966 el Presidente Illia fue derrocado por un levantamiento militar encabezado por el General Onganía. Escasa o nula fue la resistencia al golpe de estado en las organizaciones populares y la CGT, en aquellos casos en los que estas asociaciones no se manifestaran abiertamente a favor del golpe.

Se anunció la disolución de la FUA, comisiones intercentros y centros de estudiantes. La Ley Orgánica para las Universidades Nacionales establecía la prohibición de todo tipo de militancia, agitación, propaganda, proselitismo en las universidades. Los docentes fueron designados en forma directa por decanos y rectores interventores. En 1967 por la Ley 17.245 se suprimió el gobierno tripartito, se limitó la autonomía y se fijó un examen de ingreso.

El gobierno militar decidió intervenir las universidades. En la noche del 28 de julio de 1966 electivos policiales y de la guardia de infantería a bordo de vehículos blindados convergieron sobre las Facultades de Ciencias Exactas y Arquitectura de la UBA. El contingente arrestó a punta de bastón y repartiendo golpes a diestra y siniestra a estudiantes, profesores y al decano de la Facultad de Ciencias Exactas, Rolando García, que permanecían en el interior del edificio de la calle Perú, a metros de la Plaza de Mayo. Mientras tanto el Consejo Superior de la UBA continuaba en reunión permanente en la sede de la calle Viamonte. Estudiantes, profesores y graduados junto al rector Hilario Fernández Long resistieron hasta la madrugada.

Las protestas estudiantiles coordinadas por la FUA comenzaron a crecer en todo el país al mismo tiempo que la violencia de la represión que contra ellas desataba el gobierno.
Desde 1966 hasta 1969 varios jóvenes resultaron muertos y heridos luego de los embates represivos contra marchas y manifestaciones haciendo crecer el repudio contra aquel gobierno ilegítimo. Durante ese mismo período es importante destacar la unidad obrero - estudiantil en pos de un proyecto nacional, manifestada en la movilización popular contra la dictadura de Onganía cuya mayor demostración fue el Cordobazo.

Finalmente Onganía cayó ante la presión del sector del ejército liderado por Lanusse. Roberto Levingston era el nuevo presidente de facto, pero duró poco, al poco tiempo asumió la presidencia el propio Lanusse y lanzó un mecanismo de diálogo y participación denominado Gran Acuerdo Nacional (GAN).

El peronismo volvió al poder en 1973 con el triunfo de la fórmula del frente Justicialista de Liberación (FREJULI). La UBA pasó a ser la Universidad Nacional y Popular de Buenos Aires. Se inauguraba un período donde la interna del peronismo convirtió al país en un violento campo de batalla. Ese mismo año a poco tiempo de asumir Cámpora dejó el gobierno y tras nuevas elecciones regresó al poder el General Perón quien entonces había optado por la derecha de su partido cuya figura principal era José López Rega.

Mientras en la Universidad recrudecieron los favoritismos partidarios, las irregularidades docentes y administrativas y, pese al discurso "nacional y popular" se implantó un modelo autoritario.
En la dictadura surgida del golpe de marzo de 1976, se repitió la constante de todos los gobiernos militares que se sucedieron en nuestra historia: la Universidad es concebida como un engranaje más, dentro de un proyecto político de país dependiente, productora de tecnócratas funcionales al sistema. La persecución política fue la más feroz que había vivido nuestro país y una gran parte de los desaparecidos pertenecían a la comunidad universitaria.

Con la apertura democrática y la llegada de Alfonsín al gobierno en 1983 y la apertura democrática se restauró la autonomía y el cogobierno. Ley de ingreso irrestricto, fuerte expansión de la matrícula, por Ley 23.068 de 1984 se ratificó con fuerza del ley el decreto 154 reestrableciendose los estatutos vigentes hasta 1966 y el gobierno autónomo tripartito. La Ley 23.569 de 1988 reglamentó el manejo autárquico de los recursos que reciben las universidades del Tesoro nacional a través de la Ley de Presupuesto. Delega en las Universidades la política de compras y contrataciones y limita el rol fiscalizador del Poder Ejecutivo. La militancia universitaria se activó.

Bibliografía

- Estudiantes y política en América Latina; el proceso de la reforma universitaria 1918-1938_ Juan Carlos Portantiero (1978)
- Un solo grito. Crónica del movimiento estudiantil universitario de 1918 a 1988_ Rubén Lavenberg, Daniel Merolla (FUBA 1987).
- Escenas reformistas. La Reforma Universitaria 1918-1930_ María Caldelari-Patricia Funes. (UBA 1997)
- La Educación Superior en Argentina_ Daniel Cano Grupo Editor de América Latina. 1985)
- Yrigoyen. La causa contra el Régimen_ Marta Cavillioti (Colección Historia de América en el Siglo XX nº 6. 1984)

Manifiesto Liminar de la Reforma Universitaria de 1918

A la Juventud Universitaria de Córdoba - 12 de Junio de 1918

Hombres de una República libre, acabamos de romper la última cadena que, en pleno siglo XX, nos ataba a la antigua dominación monárquica y monástica. Hemos resuelto llamar a las cosas por el nombre que tienen. Córdoba se redime. Desde hoy contamos para el país una vergüenza menos y una libertad más. Los dolores que quedan son las libertades que faltan. Creemos no equivocarnos, las resonancias del corazón nos lo advierten; estamos pisando sobre una revolución, estamos viviendo una hora americana.

La rebeldía estalla en Córdoba y es violenta porque aquí los tiranos se habían ensoberbecido y era necesario borrar para siempre el recuerdo de los contrarrevolucionarios de Mayo. Las universidades han sido hasta aquí el refugio secular de los mediocres, la renta de los ignorantes, la hospitalización segura de los inválidos y -lo que es peor aún- el lugar en donde todas las formas de tiranizar y de insensibilizar hallaron la cátedra que las dictara. Las universidades han llegado a ser así fiel reflejo de estas sociedades decadentes que se empeñan en ofrecer el triste espectáculo de una inmovilidad senil. Por eso es que la ciencia frente a estas casas mudas y cerradas, pasa silenciosa o entra mutilada y grotesca al servicio burocrático. Cuando en un rapto fugaz abre sus puertas a los altos espíritus es para arrepentirse luego y hacerles imposible la vida en su recinto. Por eso es que, dentro de semejante régimen, las fuerzas naturales llevan a mediocrizar la enseñanza, y el ensanchamiento vital de los organismos universitarios no es fruto del desarrollo orgánico, sino el aliento de la periodicidad revolucionaria.

Nuestro régimen universitario -aún el más reciente- es anacrónico. Está fundado sobre una especie de derecho divino; el derecho divino del profesorado universitario. Se crea a si mismo. En el nace y muere. Mantiene un alejamiento olímpico. La Federación Universitaria de Córdoba se alza para luchar contra este régimen y entiende que en ello le va la vida. Reclama un gobierno estrictamente democrático y sostiene que el DEMOS universitario, la soberanía, el derecho a darse el gobierno propio radica principalmente en los estudiantes. El concepto de autoridad que corresponde y acompaña a un director o a un maestro en un hogar de estudiantes universitarios no piede apoyarse en la fuerza de disciplinas extrañas a la sustancia misma de los estudios. La autoridad, en un hogar de estudiantes, no se ejercita mandando, sino sugiriendo y amando: ENSEÑANDO.

Si no existe una vinculación espiritual entre el que enseña y el que aprende, toda enseñanza es hostil y por consiguiente infecunda. Toda la educación es una larga obra de amor a los que aprenden. Fundar la garantía de una paz fecunda en el artículo conminatorio de un reglamento o de un estatuto es, en todo caso, amparar a un régimen cuartelario, pero no en una labor de ciencia. Mantener la actual relación de gobernantes a gobernados es agitar el fermento de futuros trastornos. Las almas de los jóvenes deben ser movidas por fuerzas espirituales. Los gastados resortes de la autoridad que emana de la fuerza no se avienen con lo que reclaman el sentimiento y el concepto moderno de las universidades. El chasquido del látigo solo puede rubricar el silencio de los inconscientes o de los cobardes. La única actitud silenciosa, que cabe en un instituto de ciencia es la del que escucha una verdad o la del que experimenta para crearla o comprobarla.
Por eso queremos arrancar de raíz en el organismo universitario el arcaico y bárbaro concepto de autoridad que en estas casas de estudio en un baluarte de absurda tiranía y sólo sirve para proteger criminalmente la falsa dignidad y la falsa competencia. Ahora advertimos que la creciente reforma, sinceramente liberal, aportada a la Universidad de Córdoba por el doctor Juan Nicolás Matienzo, solo ha venido a probar que el mal era más afligente de lo que imaginábamos y que los antiguos privilegios disimulaban un estado de avanzada descomposición. La Reforma de Matienzo no ha inaugurado una democracia universitaria; ha sancionado el predominio de una casta de profesores. Los intereses creados en torno de los mediocres han encontrado en ella un inesperado apoyo. Se nos acusa ahora de insurrectos en nombre de un orden que no discutimos, pero que nada tiene que hacer con nosotros. Si ello es así, si en nombre del orden se nos quiere seguir burlando y embruteciendo, proclamamos bien alto el derecho sagrado a la insurrección. Entonces la única puerta que nos queda abierta a la esperanza es el destino heroico de la juventud. El sacrificio es nuestro mejor estímulo; la rendición espiritual de las juventudes americanas nuestra única recompensa, pues sabemos que nuestras verdades lo son -y dolorosas- de todo el continente. Que hay en nuestro país una ley -se dice-, la ley Avellaneda, se opone a nuestros anhelos? Pues reformar la ley, que nuestra salud moral lo está exigiendo.
La juventud vive en trance de heroísmo. Es desinteresada, es pura. No ha tenido tiempo aún de contaminarse. No se equivoca nunca en la elección de sus propios maestros. Ante los jóvenes no se hace mérito adulando o comprando. Hay que dejar que ellos mismos elijan sus maestros y directores, seguros de que el acierto ha de coronar sus determinaciones. En adelante sólo podrán ser maestros en la futura república universitaria los verdaderos constructores de almas, los creadores de verdad, de belleza y de bien.

La juventud universitaria de Córdoba cree que ha llegado la hora de plantear este grave problema a la consideración del país y de sus hombres representativos.

Los sucesos acaecidos recientemente en la Universidad de Córdoba, con motivo de la elección rectoral, aclaran singularmente nuestra razón en la manera de apreciar el conflicto Universitario.

La Federación Universitaria de Córdoba cree que debe hacerse conocer al país y a América las circunstancias de orden moral y jurídico que invalidan el acto electoral verificado el 15 de junio. Al confesar los ideales y principios que mueven a la juventud en esta hora única de su vida, quiere referir los aspectos locales del conflicto y levantar bien alta las llama que está quemando el viejo reducto de la opresión clerical. En la Universidad Nacional de Córdoba y en esta ciudad no se han presenciado desórdenes; se ha contemplado y se contempla el nacimiento de una verdadera revolución que ha de agrupar bien pronto bajo su bandera a todos los hombres libres del continente. Referiremos los sucesos para que se vea cuanta razón nos asistía y cuanta vergüenza nos sacó a la cara la cobardía y la perfidia de los reaccionarios. Los actos de violencia, de los cuales nos responsabilizamos íntegramente, se cumplían como en el ejercicio de puras ideas. Volteamos lo que representaba un alzamiento anacrónico y lo hicimos para poder levantar siquiera el corazón sobre esas ruinas. Aquellos representan también la medida de nuestra indignación en presencia de la miseria moral, de la simulación y del engaño artero que pretendía filtrarse con las apariencias de la legalidad. El sentido moral estaba oscurecido en las clases dirigentes por un fariseísmo tradicional y por una pavorosa indigencia de ideales.

El espectáculo que ofrecía la asamblea universitaria era repugnante. Grupos de amorales deseosos de captarse la buena voluntad del futuro rector exploraban los contornos en el primer escrutinio, para inclinarse luego al bando que parecía asegurar el triunfo, sin recordar la adhesión públicamente empeñada, el compromiso de honor contraído por los intereses de la Universidad. Otros - los más- en nombre del sentimiento religioso y bajo la advocación de la Compañía de Jesús, exhortaban a la traición y al pronunciamiento subalterno. (Curiosa religión que enseña a menospreciar el honor y deprimir la personalidad!, religión para vencidos o para esclavos!). Se había obtenido una reforma liberal mediante el sacrificio heroico de la juventud. Se creía haber conquistado una garantía y de la garantía se apoderaban los únicos enemigos de la reforma. En la sombra los jesuitas habían preparado el triunfo de una profunda inmoralidad. Con sentirla habría comportado otra traición. A la burla respondimos con la revolución. La mayoría expresaba la suma de la represión, de la ignorancia y del vicio. Entonces dimos la única lección que cumplía y espantamos para siempre la amenaza del dominio clerical.

La sanción moral es nuestra, el derecho también. Aquellos pudieron obtener la sanción jurídica, empotrarse en la ley. No se lo permitimos. Antes de que la inquietud fuera un acto jurídico, irrevocable y completo, nos apoderamos del salón de actos y arrojamos a la canalla, sólo entonces amedrentada, a la verdad de los claustros. Que esto es cierto lo patetiza el hecho de haber, a continuación, sesionado en el propio salón de actos la Federación Universitaria y de haber firmado mil estudiantes sobre el mismo pupitre rectoral, la declaración de huelga indefinida.

En efecto, los estatutos reformados disponen que la elección del rector terminará en una sola sesión, proclamándose inmediatamente el resultado, previa lectura de cada una de las boletas y aprobación del acta respectiva. Afirmamos, sin temor a ser rectificados, que las boletas no fueron leídas, que el acta no fue aprobada, que el rector no fue proclamado, y que, por consiguiente, para la ley, aún no existe rector de esta Universidad.

La juventud universitaria de Córdoba afirma que jamás hizo cuestión de nombres ni de empleos. Se levantó contra un régimen administrativo, contra un método docente, contra un concepto de autoridad. Las funciones públicas se ejercitaban en beneficio de determinadas camarillas. No se reformaban ni planes ni reglamentos por temor de que alguien en los cambios pudiera perder su empleo. La consigna de "hoy para ti, mañana para mí" corría de boca en boca y asumía la preeminencia de estatuto universitario. Los métodos docentes estaban viciados de un estrecho dogmatismo, contribuyendo a mantener a la Universidad apartada de la ciencia y de las disciplinas modernas. Las lecciones, encerradas en la repetición de viejos textos, amparaban el espíritu de rutina y de sumisión. Los cuerpos universitarios, celosos guardianes de los dogmas trataban de mantener en clausura a la juventud, creyendo que la conspiración del silencio puede ser ejercitada en contra de la ciencia. Fue entonces cuando la oscura universidad mediterránea cerró sus puertas a Ferri, a Ferrero, a Palacios y a otros, ante el temor de que fuera perturbada su plácida ignorancia. Hicimos entonces una santa revolución y el régimen cayó a nuestros golpes.
Creímos honradamente que nuestro esfuerzo había creado algo nuevo, que por lo menos la elevación de nuestros ideales merecía algún respeto. Asombrados, contemplamos entonces como se coaligaban para arrebatar nuestra conquista los más crudos reaccionarios.

No podemos dejar librada nuestra suerte a la tiranía de una secta religiosa, ni al juego de intereses egoístas. A ellos se nos quiere sacrificar. El que se titula rector de la Universidad de San Carlos ha dicho su primera palabra :"Prefiero antes de renunciar que quede un vendaval de cadáveres de los estudiantes". Palabras llenas de piedad y de amor, de respeto reverencioso a la disciplina; palabras dignas del jefe de una casa de altos estudios. No invoca ideales ni propósitos de acción cultural. Se siente custodiado por la fuerza y se alza soberbio y amenazador. Armoniosa lección que acaba de dar a la juventud el primer ciudadano de la democracia universitaria!. Recojamos la lección, compañero de toda América; acaso tenga el sentido de un presagio glorioso, la virtud de un llamamiento a la lucha suprema por la libertad; ella nos muestra el verdadero carácter de la unidad universitaria, tiránica y obcecada, que ve en cada petición un agravio y en cada pensamiento una semilla de rebelión.

La juventud ya ni pide. Exige que se le reconozca el derecho a exteriorizar ese pensamiento propio de los cuerpos universitarios por medio de sus representantes. Está cansada de soportar tiranos. Si ha sido capaz de realizar una revolución en las conciencias, no puede desconocerles la capacidad de intervenir en el gobierno de su propia casa.

La juventud universitaria de Córdoba, por intermedio de su federación, saluda a los compañeros de América toda y les incita a colaborar en la obra de libertad que se inicia.

Enrique F. Barros, Horacio Valdez, Ismael C. Bordabehere. Presidentes
Gumersindo Sayago, Alfredo Castellanos, Luis M. Méndez, Jorge L. Bazante, Ceferino Garzón Maceda, Julio Molina, Carlos Suárez Pinto, Emilio R. Biagosh, Angel J. Negro, Natalio J. Saibene, Antonio Medina Allende, Ernesto Garzón

30 de octubre de 1983

Podemos volver a la Argentina

Alicia miró otra vez el reloj. Eran casi las cuatro de la mañana. Debía ser medianoche en Buenos Aires.

Por un momento odió a Rubén por haberse marchado a la casa de sus amigos, pero lo entendía. Ella había preferido esperar en casa, no hubiera tolerado escuchar una palabra más de política. Hacía siete años que su marido había llegado a Madrid. Alicia solo cinco.

Los dos años de diferencia eran los que había tardado su padre para obtener su liberación. Por suerte para ella, la habían detenido durante una manifestación en el gobierno de Isabel Perón. Los que cayeron después, ya en pleno Proceso, habían sido menos afortunados. Muy pocos habían reaparecido.

Alicia había pasado esos dos años en la prisión de Villa Devoto pero "legalizada" desde el comienzo.

Apenas ella había sido apresada, Rubén logró salir de la Argentina junto a la mayor de las chicas, Natalia, entonces de dos años. Casandra, la menor, nació en Madrid. Lentamente, habían logrado reconstruir su vida en común. Los interrogatorios, los compañeros que llegaban sin estar "legalizados" y que luego eran "trasladados"., cada tanto volvían los recuerdos.

Alicia miró otra vez el reloj. Las cuatro y cuarto, ya. En la Argentina la cosa debía estar "cocinada". El pueblo festejaba su victoria. Se imaginó a si misma en el sector de la Plaza reservado a la "Gloriosa.", la mano derecha en alto, con los dedos índice y mayor enhiestos. Volverían, claro que volverían.

La sobresaltó el ruido en la cerradura. Miró ansiosa a Rubén: estaba eufórico. El la abrazó con fuerza. Con una mezcla rara de grito y susurro, le dijo lo que ella tanto había esperado. Atrás quedaban las torturas, la prisión, la soledad y el exilio:

-¡Podemos volver a la Argentina!... ¡Podemos volver a la Argentina!

-¿Ganamos?

-¡No, perdimos, perdimos!... ¡Podemos volver a la Argentina!

En Buenos Aires, hacía veinte minutos que había terminado el treinta de octubre de 1983 y Raúl Alfonsín era el nuevo presidente de la Argentina.


Enrique Gleizer - Revista Respuesta Año II Nº 11 Marzo de 1987

El golpe del 28 de junio de 1966

Ese día martes, a la madrugada, Illia se encontraba en la Casa de Gobierno acompañado por ministros, colaboradores, algunos senadores y diputados radicales. A las 5.10 hs. Penetraron el Gral. Julio Alsogaray, el Jefe de la Casa Militar Brigadier Rodolfo Pío Otero, el Cnel. Luis Perlinger y un grupo de oficiales.

Alsogaray: -Vengo a cumplir órdenes del comandante en jefe...

Illia: -El comandante en jefe de las Fuerzas Armadas soy yo. Mi autoridad emana de esa Constitución que nosotros hemos cumplido y que usted también ha jurado cumplir. A lo sumo, Usted es un general sublevado que engaña a sus soldados.

AIsogaray: -En representación de las Fuerzas Armadas vengo a pedirle que abandone este despacho. La escolta de granaderos lo acompañará.

Illia: -Usted no representa a las Fuerzas Armadas, sólo representa a un grupo de insurrectos. Usted y quienes lo acompañan actúan como salteadores nocturnos, que como los bandidos aparecen de madrugada para tomar la Casa de Gobierno...

Alsogaray: -Señor Presid... (rectificándose) doctor IIIia...

Varias voces: -¡Señor Presidente!

AIsogaray: con el fin de evitar actos de violencia, lo invito nuevamente a que abandone esta casa.

Illia: -Son Ustedes quienes están provocando la violencia. Ustedes no tienen nada que ver con el Ejército de San Martín y de Belgrano. Le han causado mucho mal a la patria y lo seguirán causando. El país los condenará por esta usurpación...

AIsogaray: -Usted está llevando las cosas a un terreno que no le corresponde, doctor IIlia; le garantizamos su traslado a la residencia de Olivos. Su integridad física está asegurada.

IIlia: -Mi bienestar personal no me interesa. Me quedo trabajando en el lugar que me indica la ley y mi deber: Como comandante en jefe, le ordeno que se retire.

AIsogaray: -Yo sólo recibo órdenes del comandante en jefe del Ejército.

IIlia: -El único jefe supremo de las Fuerzas Armadas soy yo. Ustedes son los insurrectos. ¡Retírense!

Los jefes militares abandonan el despacho presidencial. A las seis, retorna el Cnel. Perlinger en compañía de oficiales subalternos. Perlinger se acerca por la izquierda hasta la mesa de llIia y le dice en tono firme: -Dr llIia, en nombre de las Fuerzas Armadas, vengo a decirle que ha sido destituido.

Illia: -Ya le he dicho al Gral. Alsogaray que ustedes no representan a las Fuerzas Armadas.

Perlinger: -Me rectifico. En nombre de las fuerzas que poseo...

Illia: -Traiga esas fuerzas.

Perlinger: -No lleguemos a eso...

Illia: -Son ustedes los que emplean la fuerza, no yo.

Perlinger y sus acompañantes se retiran. A las 7.25 regresan, está vez al frente de un grupo de efectivos de la guardia de infantería de la Policía Federal, portando pistolas lanzagases.

Perlinger: -Dr. llIia, su integridad física está plenamente asegurada, pero no puedo decir lo mismo a las personas que se encuentran con usted. Ellos serán desalojados por la fuerza.

IIlia: -Su conciencia le va a reprochar lo que esté haciendo. A muchos de Ustedes les dará vergüenza cumplir estas órdenes indignas de quien ni siquiera es su jefe. Acuérdense: cuando cuenten a sus hijos lo que hicieron en este momento, sentirán vergüenza...

Perlinger: Dr. Illia tendremos que usar la fuerza...

Illia: -Es lo único que tienen...

Perlinger: (Con tono enérgico, a sus subordinados): -Dos oficiales a custodiar al Dr. Illia, los demás avancen y desalojen el salón.

Hubo forcejeos, pero en pocos minutos el despacho fue desalojado. Illia y sus colaboradores bajaron por las escaleras hasta la planta baja, seguidos de cerca por el batallón de lanzagases.

Eran las 7.40 Sobre las veredas de la Plaza de Mayo y del Banco Nación, varias docenas de soldados cuerpo a tierra apuntaban hacia la Casa Rosada con sus fusiles. A las 7.45 Illia subía a un taxi, rumbo a la casa de su hermano en Martínez.

Años después, el coronel Luis C. Perlinger envió al doctor Illia la siguiente nota:

"...En una presentación fechada en julio de 1976, que repartí profusamente y de la cual me ocupé de enviarle un ejemplar escribía: 'Hace 10 años el Ejército me ordenó que procediera a desalojar el despacho presidencial. Entonces el doctor Illia serenamente avanzó hacia mí y me repitió varias veces: Sus hijos se lo van a reprochar. ¡Tenía tanta razón! Hace tiempo que yo me lo reprocho porque entonces caí ingenuamente en la trampa de contribuir a desalojar a un movimiento auténticamente nacional. Usted me dio esa madrugada una inolvidable lección de civismo. El público reconocimiento que en 1976 hice de mi error; si bien no pude reparar el daño causado, da a usted, uno de los grandes demócratas de nuestro país, la satisfacción de que su último acto de gobiemo fue transformar en auténtico demócrata a quien lo estaba expulsando por la fuerza de las armas de su cargo constitucional..."

(Extraído del libro: "Ricardo Balbín: el radicalismo y la república", de Eduardo Giorlandini, editado por la Cámara de Diputados de la Nación, en 2001.)

Síntesis histórica de la UCR

Desde sus orígenes hasta 1983

La realidad política previa y los partidos.

Hasta la batalla de Caseros los dos grandes partidos que dominaron la escena nacional fueron el Federal y el Unitario. Derrocado Rosas por Urquiza, este, también de ideología federal recibió la hostilidad de los porteños encabezados por Valentín Alsina. El Acuerdo de San Nicolás, rechazado por Buenos Aires, dividió a la opinión pública en federalistas ("chupandinos") y liberales ("pandilleros").Esta situación conflictiva desembocó en la batalla de Cepeda el 1 de abril de 1859 donde las fuerzas nacionales derrotaron a las de la provincia, como resultado se firmó el Pacto de San José de Flores el 11 de noviembre de ese año en virtud del cual Buenos Aires declaraba ser parte de la República Argentina y convocaría a una Convención Nacional para estudiar la Constitución promulgada en 1853. La nación aceptó las observaciones, entre ellas mantener en suspenso la elección de la Capital. Otra serie de enfrentamientos desembocó en la batalla de Pavón el 5 de julio de 1861 donde en una extraña batalla triunfaron las fuerzas de la provincia, lo cual determinó la renuncia del presidente Derqui. En posteriores elecciones Mitre surgía como nuevo presidente.

Durante esa presidencia surgió el Partido Nacionalista liderado por el propio Mitre, que finalmente aceptaba la federalización de la Ciudad de Buenos Aires y por el otro lado se formaba el partido Autonomista, dirigido por Adolfo Alsina, que defendía la continuidad de la Ciudad de Buenos Aires como capital de la Provincia homónima.

En 1868 Sarmiento, sin partido propio llegó a la presidencia con el apoyo del interior y del partido autonomista cuyo líder, Alsina, lo acompañó como vicepresidente. Al finalizar su período surgió la candidatura de su Ministro de Instrucción Pública, Nicolás Avellaneda, del Partido Nacional apoyado por gobernadores del interior, a este se alió Alsina. De esta coalición surgió el Partido Autonomista Nacional (PAN), que sería el partido que gobernaría el país hasta 1916. Avellaneda se impuso y el mitrismo derrotado intentó una revolución que fue rápidamente sofocada.


Avellaneda dispuso una amnistía para los cabecillas de la revolución de 1874. Fue la "conciliación de los partidos" rechazada por un sector del autonomismo representado por Aristóbulo del Valle y Leandro Alem. En las elecciones a gobernador de Buenos Aires de 1877 los partidos conciliados presentaron la fórmula Carlos Tejedor - José María Moreno que se impuso sobre la integrada por Aristóbulo del Valle- Leandro Alem, quienes por fuera del autonomismo habían formado el Partido Republicano alentados por Domingo Faustino Sarmiento.

La muerte de Alsina en 1877 trastocó los planes de la conciliación y regresa la incertidumbre sobre la sucesión presidencial. Finalmente pelearon la presidencia Tejedor, sostenido por los restos de la conciliación (mitristas y autonomistas) y Julio A. Roca, quien había sucedido a Alsina en el Ministerio de Guerra, apoyado en las provincias del interior. Luego de la muerte de Alsina los republicanos se reintegraron al autonomismo al desarticularse la "conciliación" y lanzaron a la disputa el nombre de Sarmiento. Entonces los otros dos candidatos se pusieron por una vez de acuerdo para hacer naufragar esa candidatura, se lo acusaba de ser "viejo". Alem y Del valle se alejaron de la causa de Roca. El triunfo fue para este último, y Tejedor, que no aceptó el resultado se levantó en armas. Nuevamente un enfrentamiento entre el Gobierno Provincial y el Nacional, esta vez los primeros fueron derrotados. Luego de estos acontecimientos, el Congreso Nacional sancionó el 21 de septiembre de 1880, a propuesta de Avellaneda, la ley que declaraba a Buenos Aires capital de la República.

Con Roca se inició el régimen. Se lo recuerda como un período de progreso con la llegada de inmigrantes, obras públicas, comercio y modernidad. Pero ese progreso era más para una oligarquía dominante que para el país. Por ejemplo, las nuevas tierras no iban a manos de pequeños propietarios creando una población rural que dinamizara el interior, al contrario, se fomentó el surgimiento de latifundios repartiéndoselas entre los expedicionarios de la Conquista del Desierto, tal cual había hecho Rosas años antes, o fue enajenada a precios viles a grandes empresas capitalistas. La colonización real que antes habían propugnado Sarmiento y Urquiza fue abandonada al tiempo que se iniciaba un proceso de despojo de la riqueza nacional. De hecho, Sarmiento, que tanto habría peleado por un país moderno que dejara atrás la barbarie denunciaba en sus últimos meses la corrupción y el desvío roquista.

El nacimiento, la Unión Cívica

En aquellos tiempos se producían importantes cambios en la estructura social, política y económica del país. El rápido crecimiento poblacional de 1.800.000 habitantes en 1870 a casi 8.000.000 en 1914, ocasionado básicamente por la intensa corriente inmigratoria, 3.200.000 personas en el período de referencia, trajo como consecuencia una reforma de la estructura demográfica regional del país. Ese crecimiento llevaría en 1914 a que la población urbana supere a la rural.Mientras tanto se consolidaba una clase media que se extendía rápidamente en el escenario político y social de la época producto de la incipiente expansión de la economía urbana, y que, por supuesto, pugnaba por abrirse paso en el ámbito social y económico.

Roca había impuesto a su concuñado en la presidencia. El clima de negociado era cada vez más evidente perdiéndose las apariencias guardadas por el gobierno anterior, el capital extranjero avanzaba controlando ferrocarriles, servicios públicos y tierras. Se terminaba de configurar un país donde el despilfarro y la timba de la bolsa contrastaba con la miseria de los sectores populares. La emisión de papel moneda sin respaldo oficial y la entrega de créditos a particulares con influencias políticas desencadenó una grave crisis económica. En el país contrastaba fuertemente el flujo desmedido, el despilfarro y los grandes éxitos en el juego de la bolsa, con los suicidios, la miseria de los sectores populares.
El 20 de agosto de 1889 se publicó en "La Nación" la carta de un abogado entrerriano, Francisco Barroetaveña, en la que condenaba la inmoralidad reinante y exaltaba el rol de la juventud y el civismo en general, para defender los principios de la República. Esta tuvo una enorme repercusión. El 1 de septiembre de 1889 se realizó una reunión en el Jardín de Florida donde hablaron, entre otros, el mismo Barroetaveña, Montes de Oca, Aristóbulo Del Valle, Bernardo de Irigoyen, Vicente Fidel López y Leandro N. Alem. Así se constituyó la Unión Cívica de la Juventud, que reunía a todos los que estaban dispuestos a enfrentar al sistema imperante.
El 13 de abril de 1890, ante la profundización de la crisis económica, se produjo una nueva reunión multitudinaria en El Frontón donde se reclamaron elecciones libres y limpias. Nacía la Unión Cívica bajo la presidencia de Leandro N. Alem. Esta estaba constituida por la convergencia de las más variadas tendencias en procura de un objetivo común. Confluían federales, alsinistas, tejedorcitas y católicos. En su conjunto representaban a la mayoría del país, pero el roquismo era sostenido por las fuerzas armadas y los terratenientes que representaban el poder económico local.

La Revolución del Parque


Leandro Alem, quien encabezaba la fracción de mayor peso dentro de la Unión Cívica, planteó la necesidad de producir un movimiento armado como único camino para terminar con la degradación a la que el gobierno de Juárez Celman sometía al país. Mitre, en cambio, lideraba un sector que aún consideraba la posibilidad de lograr una salida negociada. Cuando la posición de Alem se impuso, Mitre, que no quería verse involucrado, viajó a Europa.

La Revolución del Parque estalló el 26 de julio de 1890. El líder del movimiento fue el propio Alem mientras que su jefe militar fue el General Manuel Campos. Desde el punto de vista militar el movimiento fracasó, sin embargo tuvo gran incidencia política. En el senado alguien sintetizó: "La revolución está aplastada, si, pero el gobierno está muerto". Juárez Celman fue sustituido por Carlos Pellegrini.

Ante la proximidad de las elecciones presidenciales, Bartolomé Mitre fue propuesto como candidato por Aristóbulo del Valle por ser una figura emblemática de la oposición. Hipólito Yrigoyen hizo oír su disconformidad señalando que antes de hablar de nombres debía constituirse orgánicamente el partido para lo cual propuso la convocatoria a una Convención Nacional.

Finalmente la Convención reunida en enero de 1891 en Rosario proclamó la fórmula Bartolomé Mitre - Bernardo de Irigoyen.

La Unión Cívica Radical

El 19 de marzo de 1891 Mitre regresó de Europa y fue recibido por una gran multitud. Una semana antes Alem y Del Valle habían sido elegidos senadores nacionales por la Capital Federal. Ante el desarrollo de los hechos Julio Roca supo que sería difícil ganar mediante el fraude tradicional por lo tanto decidió negociar. Le ofreció a Mitre su apoyo a cambio de cambiar al candidato a vicepresidente por su consuegro José Evaristo Uriburu. Mitre aceptó la propuesta a pesar de haber sido elegido candidato por una Convención partidaria que no podía modificar por sí mismo.

Como consecuencia del "arreglo", Del Valle decidió renunciar a su banca y a la actividad política, Alem y quienes lo acompañaban redactaron un documento dado a conocer el 2 de julio donde señalaron que no se habían propuesto la elevación de un hombre al poder sino cambiar el régimen imperante. Nacía la Unión Cívica Radical.

Ante la pérdida de apoyo de los radicales Mitre retiró su candidatura. Pero Roca tenía otro escollo por superar, se trataba de la posible candidatura de Roque Sáenz Peña, conservador reformista y opositor interno. Resolvió neutralizarlo levantando la candidatura del padre, Luis Sáenz Peña. La fórmula definitiva de la UCR para las elecciones de 1892 fue Bernardo de Irigoyen - Juan M. Carro. Horas antes del acto comicial el gobierno impuso el estado de sitio y apresó a la conducción del radicalismo. La UCR se decidió por la abstención electoral.
Ante su delicada situación en el gobierno y su conflictiva relación con los grupos que lo llevaron al poder, el 3 de julio de 1893 Sáenz Peña confió a Aristóbulo del Valle la reorganización del su gabinete. Este invitó a la UCR que rechazó el ofrecimiento considerando que Del Valle en su buena fe cometía un error. Yrigoyen había rechazado un ofrecimiento ministerial señalando que "la Unión Cívica Radical sólo busca rehabilitar el comicio, hacer que nuestras instituciones políticas sean ciertas y reales y no coparticipaciones gubernativas". Del Valle desarmó las milicias provinciales con las que se sostenían algunos gobernadores y envió al Congreso los proyectos de intervención de Buenos Aires, Santa Fe y San Luis, duramente castigadas por la oligarquía.

El 29 de julio 1893 los radicales se alzaron en San Luis y Santa Fe deponiendo a sus gobernadores. El 30 de julio estalló la revolución en la Provincia de Buenos Aires, bajo la dirección de Hipólito Yrigoyen provocando la renuncia del gobernador el 5 de agosto. Por presión de Pellegrini y Roca, Del Valle fue desplazado del gobierno. Finalmente el movimiento fue vencido. La figura de Yrigoyen (líder de la UCR en la provincia) se afianzó dentro de su partido dejando en claro su capacidad y liderazgo conductor con su estilo particular: no hablaba en público y se dejaba ver muy poco, prefería el diálogo persona a persona.
Hipólito Yrigoyen

En Febrero de 1894 la UCR triunfa en la elección de gobernador de Buenos Aires obteniendo 45 electores contra 36 respectivamente de los cívicos nacionales y los autonomistas. Estos últimos se pusieron de acuerdo para elegir al cívico nacional Udaondo evitando la llegada de la UCR al gobierno. El autonomismo comprometía el apoyo de los cívico nacionales a cambio de esa gobernación. En Capital triunfó Alem en la elección de senador pero el Senado postergó indefinidamente el tratamiento de su diploma hasta que Alem renunció.

El tratamiento de una Ley de Amnistía a favor de los revolucionarios de 1893 provocó la renuncia de Quintana tras la cual, debido a lo inestable de su situación, en enero de 1895 renunció Sáenz Peña siendo reemplazado por José E. Uriburu. En marzo de 1896 la UCR fue derrotada en Capital. El 1 de julio de ese año Alem se suicidó. Escribió:"Para vivir estéril, inútil y deformado, es preferible morir. Si, que se rompa pero que no se doble".

En 1897 Roca fue proclamado candidato a presidente por el PAM acompañado por el Dr. Norberto Quirno Costa. Frente a la disgregación del radicalismo decidieron prescindir del mitrismo. Estos entonces buscaron aliarse al radicalismo. La Convención Nacional de la UCR del 6 de septiembre de 1897, en medio de tumultos adoptó la política de "las paralelas" que consistía en acordar programas y candidatos comunes con los cívico nacionales, pero sin unificar los partidos. Esta decisión fue fuertemente encabezada por Bernando de Irigoyen. Hipólito Yrigoyen que se oponía decididamente a ese acuerdo reunió al Comité Provincial el 29 de ese mes que rechazando el acuerdo se declaró disuelto. La UCR perdía así su principal fuerza.

El entonces radical santafesino Lisandro de la Torre acusó a Yrigoyen en duros términos por hacer fracasar la política de las "las paralelas" acusándolo de traidor. El asunto terminó en un duelo. Irigoyen, que nunca había empuñado un sable, tuvo como padrino a Marcelo de Alvear. De la Torre debería, luego de ese encuentro, usar barba para ocultar su cicatriz.

Mientras, Bernardo de Irigoyen terminó confundiéndose con el régimen (tal vez creyendo que se podía convivir con él para transformarlo desde adentro) al aceptar la candidatura a gobernador de Buenos Aires ofrecida por Roca.

Julio Argentino Roca asumió su segundo período presidencial bajo el lema "paz y administración" En tanto el presidente gobernaba para sus amigos, Yrigoyen se dedicó a reconstruir el partido. En 1904 armó un nuevo Comité Nacional que retomó el camino revolucionario.

El 26 de julio de 1904 se celebró un nuevo aniversario de la Revolución del Parque, pero en esta oportunidad, además, quedaría formalmente lanzada la reorganización de la UCR. Una imponente manifestación en Av. De Mayo no pasó inadvertida por las crónicas de la época. El diario La Prensa había editorializado el 22 de junio "El movimiento de concentración de reclutamiento se inicia con rara espontaneidad, súbitamente, sin previa elaboración por la propaganda y por las convocatorias ordinarias. Ha bastado una palabra lanzada a los vientos para que los radicales recogidos en una abstención prejuzgada suban a la escena y entren de lleno en la labor de su reorganización. Y esa palabra no ha sido lanzada por comités, ni por caudillos prestigiosos. Ha sido lanzada de la masa anónima, pero con un poderoso poder de contagio"

"No había. Ni hay, ni habrá procedimiento para destemplar el espíritu radical del país. El radicalismo, por lo tanto, es una pasión, una aspiración, una tendencia de revancha, un engendro genuino de la presión oficialista. El uno sigue como resultante de la otra, de manera que, mientras exista la oligarquía, existirá el radicalismo protestante y combatiente." (La prensa 22 de junio).

En 1904 una "junta de notables" eligió la fórmula Manuel Quintana - José Figueroa Alcorta, que resultó "elegida" en el comicio. La UCR no había participado.

La noche del 3 al 4 de febrero de 1905 se produjo un nuevo movimiento en Capital, Bahía Blanca, Rosario, Córdoba y Mendoza. En esta dos últimas derrocaron al gobierno. Los enfrentamientos duraron una semana tras los cuales los revolucionarios se rindieron. Estos fueron detenidos y muchos llevados al penal de Ushuaia. Quintana se negó a otorgar una amnistía, que recién fue aprobada luego de su muerte en marzo de 1906 luego de ser enviada al Congreso por su sucesor Figueroa Alcorta. El Comité Nacional ratificó la posición abstencionista.

La Ley Sáenz Peña

En 1910 el país festejaba alborozado la fiesta del Centenario. Era una exaltación plena de contradicciones, porque mientras se cantaban los himnos patrios, el gobierno proseguía una política que sumía cada vez más al país en la dependencia económica, en este caso, del Reino Unido. Ese mismo año la Unión Nacional impuso a Roque Sáenz Peña como presidente.
El régimen seguía renovando el gobierno sin la participación del pueblo. Pero Yrigoyen ya era dueño de un espacio importante en la política argentina así como en su partido. A pesar de esto ya se empezaban a escuchar voces radicales cuestionando la dureza de la línea abstensionista del partido.

Yrigoyen tuvo tres encuentros con el presidente Sáenz Peña, durante los cuales éste se comprometió a garantizar las próximas elecciones a través de una nueva ley electoral y la adopción del padrón militar. También le ofreció dos ministerios para la UCR. La respuesta de Yrigoyen fue: "La Unión Cívica Radical no busca ministerios. Únicamente pide garantías para votar libremente".

El 31 de marzo de 1912 se realizarían en Santa Fe las primeras elecciones bajo la flamante Ley Electoral. Pero Yrigoyen aún desconfiaba, pensaba que todas las bancas y los gobiernos eran fraudulentos y que debían ser disueltos y renovados totalmente. Pero a esa altura de los acontecimientos los concurrentistas dentro de la UCR superaban la voluntad abstencionista de Yrigoyen. La UCR por primera vez ganó y accedió al gobierno de de una provincia. Las votaciones de abril para la elección de diputados dió el triunfo a la UCR en Capital y Santa Fe, la representación por la minoría en Córdoba y Entre Ríos. En Jujuy, Corrientes y La Rioja no pudo contra el fraude que aún persistía en las mismas.

Así las cámaras empezaron a llenarse de legisladores radicales. Finalmente Yrigoyen abandonó su postura abstencionista y concurrió a las elecciones presidenciales de 1916 encabezando la lista, acompañado por Pelagio Luna para la vicepresidencia. Yrigoyen obtuvo más votos que sus tres oponentes juntos (372.810 votos contra 154.549 del partido Conservador, 140.443 de los demócratas progresistas y 56.107 de los socialistas).

El 12 de octubre de 1916, luego de jurar ante la Asamblea Legislativa, el nuevo presidente recorrió el camino hacia la Casa de Gobierno en medio de una fiesta popular, la multitud desató los caballos de la carroza presidencial y arrastró al vehículo por la Avenida de Mayo. La sociedad pudo festejar masivamente por primera vez la llegada al poder de un partido elegido por el pueblo: la Unión Cívica Radical. Pero los sectores conservadores no se daban por vencidos, se preparaban para dar batalla desde el poder económico.

La primera presidencia radical.


El estado liberal argentino que había sido gestado hacia mediados del siglo pasado había llegado a su fin. La nueva etapa estuvo principalmente protagonizada por el radicalismo que nació como respuesta a la acción política positivista de la generación del 80. Su historia es, en esencia, la historia de la Argentina moderna, su significación y la acción de sus ideas son de tal magnitud y permanencia que se proyectan hasta hoy.

Al llevar al gobierno, la mayoría de las provincias seguían en poder de los conservadores quienes, habían accedido al poder de la misma manera que hasta entonces habían mantenido el poder a nivel nacional: el fraude electoral violando la Ley Nº8871 o Ley Saenz Peña. El recurso utilizado para resolver ese problema fue la intervención federal a las mismas. Los conservadores cuestionaban esas medidas señalando que no respetaba las autonomías provinciales, pero Yrigoyen pretendía restaurar las autonomías provinciales colocando a sus pueblos en condiciones de darse sus propios gobiernos a través de elecciones transparentes y democráticas. Es decir, no había autonomía provincial si no se le devolvía la soberanía al pueblo de esas provincias. Tampoco dudo en intervenir provincias con gobiernos radicales cuando se producían serios conflictos institucionales en ellas

El de Yrigoyen fue el primer gobierno argentino con sensibilidad popular que se propuso reconstruir la república. Revalorizar los valores éticos y morales de la sociedad. Félix Luna define la política obrera de Yrigoyen, llamada solidarista, en tres grandes líneas: "Una, la solución circunstancial de los conflictos entre el capital y el trabajo, planteados sobre todo en los dos primeros años de su gobierno; otra, las iniciativas legislativas de protección al obrero y sus condiciones de trabajo. Y la última, en forma de proyectos tendientes a un ordenamiento de la previsión social y asistencia al trabajador en todas las etapas de su vida". Así, la presidencia de Yrigoyen mejoró la distribución del ingreso y el auspicio social. Las preocupaciones sociales de Yrigoyen lo llevaron a intentar un mejoramiento de las condiciones de vida y de trabajo de los sectores sociales más bajos a través de las primeras leyes de protección social, que constituyeron un avance lento debido en gran parte a la fuerte oposición conservadora en el Congreso. No obstante ella subió el salario real, se redujo la jornada de trabajo a ocho horas diarias y se sancionaron los primeros regímenes jubilatorios. En ese sentido es de destacar, en 1920, la jubilación para los obreros y empleados de empresas particulares que prestaban servicios públicos: gas, luz, telégrafo y teléfonos.

En materia educativa se fundaron en la capital 37 institutos secundarios y 12 escuelas de artes y oficios. En las provincias y territorios nacionales se crearon 3.126 escuelas primarias y en el período 1916-1922 la población escolar aumentó en más de 400.000 alumnos. Se creó el bachillerato nocturno, de gran aceptación por la clase obrera. Se implantó obligatoriamente el guardapolvo blanco, que igualaba socialmente a los escolares. En 1916 funcionaban 7.856 escuelas primarias y se crearon 3.120 más. Pudo afirmar en un foro internacional por la Argentina que por cada uno de los soldados que revestían en las filas de la Nación había en esa época dos maestros enseñando el abecedario. Como resultado de la política educativa yrigoyenista, el analfabetismo, que en 1916 era del 20 %, se redujo al 4% al finalizar su primer mandato en 1922. En 1919 se inauguró la Universidad del Litoral y dos años más tarde se nacionalizó la de Tucumán. Se había presentado un proyecto de instrucción con disposiciones revolucionarias en los tres ciclos de la enseñanza (primaria, secundaria y universitaria), pero no fue tratado en comisión en las cámaras con mayoría conservadora. Se apoyó decididamente al movimiento de la Reforma Universitaria de 1918 en Córdoba, terminó con la preeminencia de la oligarquía en las casas de altos estudios.

El gobierno de Yrigoyen aportó al país un nuevo concepto de la función del estado, con una misión reguladora y fiscalizadora del capital, de fomento del desarrollo y de la equidad social. Gabriel del Mazo, importante historiador del radicalismo, dice que el gobierno de Yrigoyen se caracterizó por su "Plan de Tierra y Petróleo", en el que el Estado se reserva un rol de intervención decisivo. El radicalismo mostró una tendencia económica que se apartaba del liberalismo clásico, a partir de la idea de intervención del Estado en la economía. En los fundamentos al voto de la ley ferroviaria de 1920, Yrigoyen dice: "La política del P.E.N. (Poder Ejecutivo Nacional) es mantener en poder del Estado la explotación de fuentes naturales de riqueza, cuyos productos son elementos vitales del desarrollo del país. El Estado debe adquirir una posición cada día más preponderante en las actividades industriales que respondan principalmente a la realización de servicios públicos".

La decisión más destacada y de la cual el radicalismo habría de hacer una bandera, fue la creación en 1922 de la empresa estatal petrolera Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF), que en el futuro sería la más grande del país con 50.000 empleados, designando al General Enrique Mosconi al frente de la misma. Esto y la nacionalización del petróleo serían algunos de los factores determinantes para su derrocamiento de su segunda presidencia en 1930 (*1)

También se llevaron a cabo una serie de leyes de arrendamientos rurales para proteger a los colonos y chacareros frente a los grandes propietarios de tierra. Se reorganiza el Banco Hipotecario Nacional para apoyar con crédito subsidiado a los pequeños propietarios rurales. En 1918, por primera vez, el Estado interviene como vendedor único de la cosecha de cereales al exterior a fin de asegurar un precio mínimo al productor.

En materia ferroviaria, Yrigoyen impulsó una política de expansión y fortalecimiento de los ferrocarriles estatales y se enfrentó con las poderosas empresas ferroviarias extranjeras, al vetar la ley de formación de una empresa de ferrocarriles mixta, sancionada por la oposición. Se dictó la caducidad de concesiones de plazo vencido, que alcanzaban casi 10.000 km, aproximándose un 30% de la red existente; se procuró integración de todas las regiones superando el esquema portuario, es decir, nuevos tramos ferroviarios con el objeto de unir los pueblos del interior y no servir únicamente al transporte de cargas al Puerto de Buenos Aires. Construyó el conocido Tren de las Nubes (Huaytiquina), del Ferrocarril General Belgrano, conectando Salta con el océano Pacífico en Antofagasta (Chile).

En ese entonces Argentina se encontraba en un estado de dependencia absoluta en relación a los países aliados que enfrentaban a los imperios centrales de Europa (Austria-Hungría y Alemania). El gobierno radical soportó una fuerte presión de esos intereses para quebrar la neutralidad argentina frente a la conflagración bélica. Yrigoyen sostuvo firmemente la neutralidad inspirado en principios de soberanía y autodeterminación de los pueblos, a pesar de los conflictos con el Imperio Alemán. La marina imperial declaró la guerra submarina resultando hundidos los barcos mercantes de bandera argentina “Monte Protegido” y “Toro”, presentando la República enérgicas protestas, Alemania se comprometió a indemnizar económicamente al país y desagraviar el pabellón nacional, lo que ocurrió luego de finalizado el conflicto mundial.

En 1917 Yrigoyen convocó a un Congreso de Naciones Latinoamericanas no beligerantes para fijar una posición común frente a la Primera Guerra Mundial, pero este fracasó debido a la fuerte oposición de Estados Unidos.

Terminada la guerra se inició la Liga de Naciones (un antecedente de lo que serían las Naciones Unidas después de la Segunda Guerra Mundial). Yrigoyen envió una delegación encabezada por el canciller Honorio Pueyrredón a las sesiones en Ginebra (*2), con las expresas instrucciones de que la entidad que iba a constituirse no debía ser simplemente la expresión del bando vencedor en la guerra, sino la asociación de todos los Estados soberanos en pie de igualdad. Como esa posición no fue aceptada, la delegación argentina se retiró. La historia le daría la razón a Irigoyen cuando aquella soberbia del bando vencedor expresada el en Tratado de Versalles sería años más tarde una de las causas de la Segunda Guerra Mundial.

Esta acción fue coherente con la política internacional de Yrigoyen. Básicamente sostuvo una política de fuerte acento sobre la independencia e igualdad de las naciones frente a las grandes potencias y promovió fervorosamente el americanismo. Prueba de esto es el episodio del acorazado 9 de Julio que trasladaba los restos mortales del poeta Amado Nervo a República Dominicana, ocupada militarmente por los Estados Unidos. Preguntado al Presidente a qué bandera (estadounidense o dominicana) debía rendirle honores la embarcación argentina al llegar al puerto, Yrigoyen respondió: “Id y saludad el pabellón dominicano”. Yrigoyen llevó a la práctica lo expresado ante el EE.UU. Hoover: "los pueblos deben ser sagrados para los pueblos".

En este período se produjeron dos hechos lamentables, la Semana Trágica y la represión de obreros rurales en el sur. En el primer caso tuvieron importante actuación la Liga Patriotica, de orientación conservadora y grupos anarquistas, en el marco de una huelga obrera en los Talleres Vasena.

El segundo hecho fue fogoneado por estancieros cuando a fines de 1921 el precio de la lana bajó considerablemente, y las empresas se encontraron con un gran stock almacenado y la próxima esquila casi encima. Para evitarlas, provocaron ellas mismas un alzamiento obrero, haciendo detener algunos dirigentes sindicales y enviando agentes que consiguieron levantar nuevamente en armas a los trabajadores previa formación de sus “guardias blancas”. Una huelga anterior había finalizado con el acuerdo de ambas partes mediante la mediación del Tte. Coronel Varela. Esta vez los obreros organizaron un verdadero ejército y ocuparon varias estancias con la misma moderación que en la ocasión anterior: se hacían firmar recibos por las reses que consumían. Agitando el fantasma de la insurrección social, las empresas obtuvieron, ignorándose por que medios, pues no hubo orden ministerial correspondiente, que Varela reprimiera la huelga. Este militar, enconado contra los obreros, que su criterio habían abusado de su buena fe, puso Santa Cruz en pie de guerra: dictó una resolución en cuya virtud cualquier persona a quien pillase con armas encima, sería fusilada sin formalidad alguna y empezó a dirigir una brutal represión.

Durante todo el gobierno de Yrigoyen, el Senado dominado por los conservadores se oponía sistemáticamente a todas las medidas del gobierno, trabándolo de manera tal que pudo llevar a cabo parcialmente la tarea de reparación que se proponía.

Por ejemplo, dos medidas importantes para el plan de recuperación económica nacional como la creación del Banco Agrícola y de la Marina Mercante Nacional no fueron aprobados. Siguieron igual suerte otros proyectos, entre ellos el plan de instrucción pública, la lucha antituberculosa, leyes orgánicas para el Ejército, la Armada, la creación de la Gendarmería Nacional, la organización de establecimientos penales y el proyecto del Código de Trabajo, que ni siquiera fue tratado.

El periodismo también lo criticaba, desde izquierda y derecha, a veces lindando con la injuria y la calumnia. Sin embargo Yrigoyen respetó plenamente las libertades y garantías individuales y jamás aplicó el estado de sitio, ni siquiera durante situaciones límite.

Los años de Alvear

En las elecciones de 1922 volvió a triunfar la UCR llevando al gobierno a Marcelo T. de Alvear y a Elpidio González a la vicepresidencia. La Primera Guerra Mundial había puesto en jaque a la economía mundial y la Argentina, exportadora de materia prima, se transformaba en acreedora del mundo. Mientras que Yrigoyen terminaba su mandato se desataba la fiebre de la sucesión.
En marzo de 1922 la Convención Nacional de la UCR eligió a Marcelo T. De Alvear como candidato presidencial. Este era nieto del General José María de Alvear e hijo del primer intendente de Buenos Aires. Provenía de la elite cultural y económica del país. Cuando fue elegido se desempeñaba como embajador en Francia. Yrigoyen siempre le tuvo a Alvear un afecto personal y político, le gustaba recordar que Alvear había luchado con él en la Revolución del Parque. En la fórmula lo acompañaba Elpidio González.

Muchos de los que se encolumnaron detrás de Alvear creían que con el se acabaría la "populachería de Yrigoyen" y todo marcharía nuevamente por canales formales más ligados a la estirpe aristocrática. Así hubo nuevamente dos corrientes dentro de la UCR: quienes rodearon a Alvear fueron llamados "antipersonalistas y a los otros "personalistas".

El período de gobierno de Alvear se caracterizó por la prosperidad. La Primera Guerra Mundial había puesto en jaque a la economía mundial y la Argentina, exportadora de materia prima, se transformaba en acreedora del mundo. Fueron los llamados "años locos". Pero no dejó de cercenar la autonomía universitaria conseguida en el movimiento de la Reforma de 1918, ni de orientar la actividad del estado hacia un menor intervensionismo en los asuntos económicos.

La ruptura entre ambas corrientes se concretó en 1924, por un lado la UCR y por el otro la UCR Antipersonalista. En marzo de 1928 la Convención Nacional designó a Hipólito Yrigoyen candidato a presidente. Se formó entonces una gigantesca coalición contra Yrigoyen integrada por antipersonalistas y partidos conservadores provinciales, pero este último ganó igualmente con 840.000 votos contra 440.00 de la formula Leopoldo Melo - Vicente Gallo. El país lo había plebiscitado.

El golpe y el petróleo.

Con 76 años de edad Yrigoyen volvía a entrar a la Casa de Gobierno. La situación nacional había cambiado notablemente y el mundo se encontraba envuelto en el caos económico de los años 1929-1930 luego de la crisis de Wall Street. Los precios de los granos, base de las exportaciones argentinas, cayeron alarmantemente. Los coletazos de esta crisis mundial produjeron pánico y estancamiento agravando las tensiones sociales. A esto se sumó una oposición salvaje donde confluyeron socialistas, demoprogresistas, conservadores y nostálgicos del régimen que trataban de revolver el río para pescar algo. Solo los últimos ganarían. A estos se sumó la prensa, sobre todo el diario Crítica de Natalio Botana quien entre otras cosas lanzó la versión nunca verificada del famoso "diario de Yrigoyen".

Yrigoyen, sin embargo, seguía adelante con su vieja bandera, la nacionalización del petróleo. La Ley tenía aprobación en la Cámara de Diputados pero faltaba ganar la batalla en el Senado en donde recién en 1931 la UCR podría alcanzar la mayoría propia por primera vez desde 1916. Ese detalle no pasó desapercibido por los grandes intereses monopólicos internacionales que neutralizaban en Argentina la sanción de esa Ley. Aprovechándose del descontento económico, el 6 de septiembre de 1930 el infame General José Félix Uriburu se alzó a la cabeza del Colegio Militar y derrocó al presidente. Este nefasto general quebró el orden constitucional en el país y nuestra historia tomó el peor rumbo.

La Revista Fortune publicó en ese momento: "La última revolución derrocó a Yrigoyen, un cruzado fanático contra todo lo yanqui, incluyendo las compañías de petróleo. Fue él quien hizo intervenir al gobierno en la venta de nafta y quién, al rebajar los precios y manipular las ventas, capturó el 22 por ciento de todas las ventas. Su deposición fortalece la posición de la Standard Oil en la Argentina".

Oil and Gas Journal, por su parte, señalaba que: "se espera que la reciente perturbación política en la Argentina redunde en beneficio de las compañías petroleras en Argentina" - (La diplomacia del petróleo 1916-1930, de C. A. Mayo, O. R. Andino y F. García Molina).

Yrigoyen fue confinado a la Isla Martín García y fue liberado pocos meses antes de su muerte en 1933. En 1931 el régimen de Uriburu había llamado a elecciones en la Provincia de Buenos Aires donde el radicalismo, a pesar de estar desarticulado, se impuso con amplitud. Los comicios fueron anulados sumando una mancha más a la vergonzosa figura del general Uriburu. El fraude volvió a ser el recurso del régimen para mantenese en el poder. Y fue por el fraude electoral que el General Agustín P. Justo acompañado por Julio A. Roca hijo llegó a la presidencia en 1932. Se inauguraba la "década infame", del Pacto Roca - Runciman, del crimen político y la persecución ideológica.

La UCR luego de Yrigoyen

Luego de estos acontecimientos la conducción de la UCR quedó en manos de Alvear. Para las elecciones nacionales de 1932 la Convención Nacional proclamó la fórmula Marcelo T. de Alvear - Adolfo Güemes que fue vetada por el ejecutivo utilizando como excusa la rebelión de Gregorio Pomar en Corrientes. Otra vez el radicalismo volvió al abstencionismo.

En 1934 se enfrentaron en la UCR quienes desde el viejo tronco yrigoyenista querían volver a la abstención y quienes preferían participar de las elecciones a pesar del fraude. Estos últimos impusieron su posición y en 1935 consiguieron algunas bancas en Entre Ríos, Córdoba y Catamarca. Ese mismo año surgió la Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina (FORJA). Esta agrupación tenía como objetivo una vuelta al nacionalismo de Yrigoyen, una fuerte posición antiimperialista en oposición a las intenciones de Gran Bretaña y EE.UU. Desde su creación fue presidida por Luis Dellepiane hasta 1940 cuando la asumió Arturo Jauretche hasta 1945. En su seno aparecieron dos posiciones, la encabezada por Dellepiane y Gabriel del Mazo quienes insistían en enfrentar la conducción alvearista desde adentro del partido y la del sector de Jauretche que desestimaba esa posibilidad y preferían abandonar el partido. Finalmente estos últimos se alejaron en una asamblea celebrada el año 1940. Al tiempo muchos regresaron para sumarse al MIR los que no lo hicieron permanecieron en FORJA hasta su disolución en 1945 y se sumaron al peronismo.

Movimiento de Intransigencia y Renovación

La Segunda Guerra Mundial produjo otro flujo inmigratorio. De a poco una nueva clase social se fue gestando gracias a la necesidad de sustituir importaciones y motorizar el desarrollo de tecnología que ya no venía de Europa. Mientras los sectores obreros sufrían la marginación los miembros de la sociedad conservadora pasaba tardes en el Jockey Club mientras su administración sumía al país en la injusticia social.

En 1938 fue elegida la fórmula Roberto Ortiz (ex radical antipersonalista) - Ramón Castillo. Si bien Ortiz fue elegido mediante el fraude intentó dejar atrás esa práctica. El 1938 se elegía sucesor del gobernador de Buenos Aires, el fascista Manuel Fresco. Este había elegido sucesor a Alberto Barceló (dedicado al juego clandestino y la prostitución). Este último triunfó en tumultuosos comicios. Una semana después se realizaron elecciones de diputados en esa provincia en los cuales triunfó ampliamente la UCR. El fraude quedó evidenciado, Ortiz intervino la provincia y anuló la elección de gobernador.Pero Ortiz renunció gravemente enfermo y Castillo revalidó nuevamente las prácticas fraudulentas.

Luego de la muerte de Alvear el 22 de marzo de 1943, el radicalismo ingresó en una situación interna cada vez más confusa a pesar de la cual la conducción alvearista se mantendría.
Castillo fue derrocado el 4 de julio de 1943 por un movimiento encabezado por los Generales Rawson. Ramírez y Farrel, fue la "Revolución de los Coroneles". Detrás de ellos Juan Domingo Perón se hizo cargo de la Dirección del Trabajo, luego Secretaría de Trabajo y Previsión, puesto hasta entonces sin importancia. Este formaba parte del GOU (Grupo de Oficiales Unidos). Rawson, quien había sido elegido por sus colegas para ocupar la presidencia fue desplazado antes de jurar, se había comprometido a una ruptura de relaciones con el eje. Fue sucedido por Ramírez quien sería a su vez desplazado en 1944 poco tiempo después de dar a conocer el decreto de ruptura de relaciones con Alemania y Japón. Fue reemplazado por Farrel, quien declaró la guerra al eje poco antes de la rendición de Alemania. Perón era vicepresidente y Secretario de Trabajo y Previsión.

En busca de la renovación programática del partido un grupo de dirigentes "intrasigentes" entre los que se encuentraban Moisés Lebensohn, Ricardo Balbín y Arturo Frondizi promovieron la Declaración de Avellaneda en abril de 1945, nacía el Movimiento de Intransigencia y Renovación (MIR). Pero la conducción alvearista del radicalismo formó junto con socialistas, comunistas y demócratas progresistas. El 19 de septiembre se realizó la Marcha de la Constitución y la Libertad organizada por la Unión Democrática, la concentración más numerosa realizada hasta entonces.

El gobierno militar sufrió una crisis interna que dio como resultado el desplazamiento de Perón quien antes de dejar sus cargos anunció el otorgamiento del aguinaldo a los trabajadores, medida que debería tener la firma de farrel para tener efecto. Posteriormente fue detenido. En la tarde del 16 de octubre comienzan a movilizarse hacia Plaza de Mayo los trabajadores de los frigoríficos de Berisso, Ensenada y Dock Sud. El 17 de octubre una multitud se había adueñado de la Plaza, el gobierno tuvo que ceder y liberar a Perón quien habló desde el balcón de la Casa Rosada.

En las elecciones del 24 de febrero de 1946 Perón obtuvo 1.478.372 votos contra 1.211.666 de la fórmula Tamborín - Mosca de la Unión Democrática. Esta derrota provocó una fuerte crisis interna en el partido. Los intransigentes pedían el desplazamiento de la conducción del Comité Nacional, el voto directo de los afiliados para la elección de autoridades partidarias y la elaboración de un programa de acción política acorde a los momentos que vivía el país.

El Comité Nacional renunció y se formó una Junta Ejecutiva. Frondizi, Crisólogo Larralde y Antonio Sobral elaboraron un documento de base que serviría de base para otro más completo denominado "Profesión de fe doctrinaria" presentado por el MIR durante su primer congreso en agosto de 1947. El MIR conquistó la mayoría del Comité Nacional con la participación del radicalismo cordobés liderado por Amadeo Sabattini.

Lebenshon señalaba que "la mayoría de quienes entregaron sus sufragios a Perón tienen nuestros mismos ideales, se nutren de nuestras mismas aspiraciones nacionales". Comenzaba así una transformación producto del enfrentamiento entre sectores progresistas y "unionistas". Algunos militantes de FORJA se marchaban del peronismo para volver al radicalismo e integrarse al MIR.

Antes de morir en 1953 Lebenshon escribió que hay: "que trabajar en la creación de las condiciones de triunfo, sin caer en las actitudes complacientes con el peronismo, pero sin dejarse llevar por circunstanciales apoyos del antiperonismo". Es decir, hacer "radicalismo" en lugar de reducirse solo a una expresión del "antiperonismo"

En 1952 Perón se consagró por segunda vez presidente frente a la fórmula radical Ricardo Balbín - Arturo Frondizi. A partir del fallecimiento de Eva Perón el peronismo acentuó sus rasgos más autoritarios recrudeciendo las agresiones hacia la oposición. La represión hacia la oposición se había acentuado notablemente y esta crecía. La UCR olvidando el pensamiento de Lebenshon concentró sus esfuerzos en terminar con ese gobierno sin evaluar el costo ni los aliados. Finalmente el enfrentamiento con la iglesia terminó por configurar una escalada de violencia sin retorno.

En septiembre de 1951 se produjo un primer intento de golpe contra el gobierno justicialista encabezado por el general Benjamín Menéndez, el cual fracasó. El 26 de julio de 1952 falleció Eva Perón, un mes después del inicio de la segunda presidencia. La crisis del agro, la inflación y el desabastecimiento anunciaban una declinación de la situación económica del país.

En 1954 estalló una crisis con la jerarquía eclesiástica. La procesión de Corpus Christi en 1955 se convirtió en un importante acto opositor. El 16 de junio de ese año aviones de la marina y la fuerza aérea bombardearon la Plaza de Mayo provocando una masacre. Esa misma noche militantes peronistas quemaron la Curia y varias iglesias. Finalmente el 16 de septiembre se produjo un nuevo alzamiento militar que logró su objetivo. La Revolución libertadora colocó en la presidencia al General Lonardi, desplazado por el general Aramburu ese mismo año por negarse a intervenir la CGT y no acordar con la proscripción del peronismo. Evidentemente los colegas de Lonardi con acordaron con él cuando, remedando a Urquiza, señaló que no habría "ni vencedores ni vencidos".

Otra fractura

Derrocado el Justicialismo, la UCR acrecentó sus posibilidades de ganar las elecciones. Pero una desgarrante lucha interna llevó al partido a la fractura en 1957. Arturo Frondizi se autoproclamó candidato presidencial antes de que se reúna la Convención Nacional, así las fricciones los cruces fueron creciendo. La apertura de algunos sectores hacia el peronismo terminan por hacer estallar el cisma.

Ambos se disputaban la sigla UCR. Frondizi lideró la UCR Intransigente y Balbín la UCR del Pueblo. En los comicios triunfó la fórmula Frondizi - Gomez que habían obtenido a último momento un acuerdo con Perón y se benefició con gran parte del caudal electoral del caudillo sobre el binomio Balbín-Del Castillo.

El pacto Perón-Frondizi duró poco y 52 asonadas militares y cuartelazos coaxionaron permanentemente al gobierno.

Desde Madrid Perón influía en la política Argentina, sobre todo en los sectores populares. En 1962 el peronismo participó en la elecciones para elegir gobernador de la provincia de Buenos Aires en las cuales triunfó su candidato Andrés Framini. Para un importante sector militar eso fue inadmisible. Frondizi fue derrocado y encerrado en la Isla Martín García. Asumió interinamente la presidencia el presidente provisional del senado, José María Guido. Se produjo entonces un enfrentamiento entre dos sectores militares, los azules entre los cuales se destacó Onganía y que optaban por una salida electoral sin la participación del peronismo y los colorados que preferían directamente tomar el poder. Luego de varias escaramuzas urbanas los primeros se impusieron.
En julio de 1963 la UCRP obtuvo 2.441.064 votos para la fórmula Illia - Perette, la UCRI 1.593.002, hubo 1.884.435 votos en blanco (orientados por Perón).

La presidencia de Illia

Si analizamos el Gobierno de Arturo Humberto Illia será difícil entender el motivo por el cual se le imputaba inoperancia y lentitud. El Producto Bruto Interno aumentó a razón de 10 % anual, con un crecimiento industrial del 35,3% para el bienio 1064-65, con un presupuesto para educación que alcanzó una cifra récord para nuestra historia (24% en 1965), con una disminución de la deuda externa y un incremento de las reservas en oro y divisas en 500 millones de dólares, con salarios que alcanzaron una participación del 41,1% en el producto bruto, con un descenso de la tasa de desempleo del 9 al 5 %, con una contracción de la inflación de un promedio del 2% mensual en 1963, cuando la devaluación de la moneda fue del 28,5% en los 30 meses de gobierno con respecto al dólar, cuando se respetó absolutamente la libertad de prensa y el libre funcionamiento de las instituciones, Illia gobernó sin un solo día de estado de sitio.

Pero aparentemente en esa época hacer uno de los mejores gobiernos que ha tenido el país no era suficiente. La prepotencia militar y sus aliados del poder económico, sectores justicialistas ligados al sindicalismo, enfrascados en una lucha por tener el poder donde el país era el campo de batalla no podían permitir una gestión honesta y eficiente ajena a sus intereses. Así se formó una oposición salvaje donde confluyeron desde distintos sectores representantes de la lacra de nuestro país junto con algunos periodistas que difamaban injustamente al gobierno (algunos de ellos aún hoy pretender dar lecciones de moral republicana).

Finalmente el 28 de junio de 1966 Juan Carlos Onganía ocupó la presidencia a través de un nuevo golpe de estado. Si el buen gobierno de Arturo Illia hubiera sido reconocido por en ese momento por todos los que después lo destacaron nos hubiéramos ahorrado muchas desgracias.

La Junta Coordinadora Nacional

La dictadura de Onganía proscribió la actividad de los partidos políticos y se dispuso a gobernar sin límites de tiempo.

Entre los años 1966 y 1967 apareció la Junta Coordinadora Nacional. Un grupo de jóvenes se reunión en Setúbal, Santa Fe con el propósito de estudiar nuestra sociedad como punto de partida para la elaboración de un proyecto que terminara con la decadencia argentina. La acción no estaba marcada solo por la elaboración doctrinaria e ideológica, al mismo tiempo formaba parte de la resistencia nacional y democrática contra Onganía, participando activamente, por ejemplo, en el Cordobazo.

El engendro neoliberal-autoritario-corporativista que intentó pergeniar la Revolución Argentina pronto se estrelló contra el país. Se inició una escalada terrorista que iban a signar trágicamente los años siguientes y el gobierno ilegítimo se iba dando una sucesión de figuras ocupando la Casa de Gobierno.

En 1969 la CGT declaró un paro nacional que la regional Córdoba convirtió en activo. Con las primeras luces del alba las columnas obrero - estudiantiles se dirigían al centro de la ciudad, se daba comienzo a una pueblada. Los universitarios ocuparon el Barrio Clínicas. Al anochecer se aprestaron las tropas del III Cuerpo del Ejército al mando del general Heliodoro Sánchez Lahoz. Pese a que la ciudad fue recuperada el día 30, la ocupación del Clínicas se extendió hasta el 4 de junio. En los disturbios murieron 14 personas.

Luego del Cordobazo en 1969, Onganía cayó ante la presión del sector del ejército liderado por Lanusse. Roberto Levingston era el nuevo presidente de facto, pero duró poco, al poco tiempo asumió la presidencia el propio Lanusse y lanzó un mecanismo de diálogo y participación denominado Gran Acuerdo Nacional (GAN). Finalmente convocó a elecciones generales en 1973.

El radicalismo ante la apertura democrática retoma la búsqueda de puntos de coincidencia entre las distintas fuerzas políticas, no solo con vistas al acto eleccionario sino con la esperanza de consolidar el nuevo proceso democrático. Perón regresó al país el 17 de noviembre de 1972 luego de un largo exilio. Con Balbín sellaron un acuerdo que este sintetizó: "el que gana gobierna y el que pierde ayuda".

El Frente Justicialista de Liberación (FREJULI) aglutinó tras el peronismo a conservadores, desarrollistas y otras fuerzas menores, sus candidatos fueron Cámpora - Solano Lima, que el 11 de marzo de 1973 obtuvo 5.899.642 votos frente a 2.535.581 de la fórmula radical Balbín - Gamond. El radicalismo reconoció su derrota y no hubo segunda vuelta a pesar de que la legislación de entonces la consideraba en caso que ninguna fuerza superara el 50%. El radicalismo consideró en su decisión que la distancia ya era muy grande.

El Movimiento de Renovación y Cambio

El 24 de septiembre de 1972 había tomado forma definitiva el Movimiento de Renovación y cambio bajo el liderazgo de Raúl Ricardo Alfonsín con un amplio apoyo en sectores juveniles.
Los militantes enrolados en la Junta Coordinadora Nacional participaron como cofundadores convencidos de que Alfonsín era el hombre indicado para conducir al pueblo hacia la realización definitiva de la democracia.

Cámpora ya se había hecho cargo del poder pero quedó rápidamente atrapado entre las diferentes posiciones extremas partidarias que presionaban insaciablemente en la búsqueda de su propia hegemonía dentro del movimiento. La falta de poder real de quién asumía la primera magistratura terminó por maniatar sus atribuciones presidenciales, desencadenando la renuncia del titular del ejecutivo y un nuevo llamado a elecciones.

Y si, el radicalismo suele tener sus fuertes internas, pero puertas adentro, en cambio, como en este caso, el peronismo las ha hecho desde entonces tomando como escenario de lucha todo el territorio nacional y sus habitantes como rehenes.

Ahora sería Perón quien, acompañado por su tercera esposa, se haría cargo del ejecutivo. Fernando De La Rúa, quien había triunfado sobre el justicialismo en las elecciones para senador por la Capital Federal acompañó a Balbín en la fórmula. El justicialismo triunfó con 7.286.034 votos contra 2.887.587 de la UCR.

Eran años difíciles para la Juventud Radical. No resultaba sencillo defender los postulados del viejo partido en el marco de una juventud masivamente volcada a apoyar la conducción carismática de Perón. Sin embargo los jóvenes de la Junta Coordinadora convencidos de que el protagonismo de la juventud es el auténtico dinamizador de la liberación nacional y social, impulsaron la construcción de organismos juveniles multipartidarios. El resultado fue la creación de la Coordinadora de Juventudes políticas de la cual la JR fue fundadora. Las propuestas eran claras, pero la acción de organizaciones pretendidamente revolucionarias proclives a arrastrar a la juventud hacia fraticidas luchas armadas determinaron que la Juventud Radical resolviera alejarse del grupo privándolo así de representación verdadera.
La UCR colaboró con lealtad con el gobierno peronista. Hizo una oposición constructiva, sabía que en ellos estaba sellada la suerte del sistema. Balbín se convirtió en el principal interlocutor del viejo líder. Así quedó demostrado cuando el jefe radical despidió los restos mortales del presidente y en nombre de los partidos políticos dijo: "este viejo adversario, despide a un amigo".
Con Perón murió el único punto de referencia válido para un partido que no se encontraba en condiciones de desatar la lucha por la sucesión del mando. Pronto María Estela Martínez de Perón se vio acechada por un microclima de hombres corruptos que la alejaron por completo de la realidad.

Dos publicaciones marcaron el tiempo ideológico de la UCR, la revista "Inédito" dirigida por Mario Monteverde en donde escribía Raúl Alfonsín bajo el seudónimo de Alfonso Carrido Lura y "En Lucha" editada por Sergio Karakachoff, uno de los principales arquitectos de la corriente universitaria Franja Morada, que surgió en 1968. Karakachoff fue asesinado por un grupo de ultraderecha en La Plata en 1975.

El peronismo no podía revertir la crisis. En marzo de 1976 una Junta Militar formada por los titulares de las tres fuerzas armadas se hacía del poder. Comenzaba el proceso de Reorganización Nacional.

El Proceso de Reorganización Nacional

Como siempre con los golpes armados la oligarquía alcanza el poder, José Alfredo Martínez de Hoz es designado Ministro de Economía. Por un lado desataron el terrorismo de estado para desatar la mayor "caza de brujas" de nuestra historia. Por otro lado se destruyó deliberadamente nuestra estructura productiva y el país volvió a convertirse en un simple exportador de materia prima. Al mismo tiempo se contrajo una deuda externa descomunal, sin objetivos ni propósitos claros. A las listas negras, la censura, la negación de los derechos humanos, los desaparecidos, la quiebra del país, una guerra con el único objetivo de oxigenar al Proceso Militar.

La puesta en marcha de una política neoliberal - oligárquica requiere una población sumisa, el terrorismo de estado era así condición necesaria para la política de Martínez de Hoz, que provocó una verdadera revolución en la Argentina, cambió la mentalidad de la gente, inició una reforma financiera que provocó una traslación del ingreso desde los sectores productivos hacia los sectores financieros. La espiral especuladora fue creciendo sin límites y el sistema financiero argentino se transformó en un elefante blanco que absorbía recursos de todos los sectores. Aplicó como herramientas fundamentales de su política además de la reforma financiera, la rebaja a los aranceles a las importaciones y la subvaluación del dólar.

En 1982, tras la trágica gestión de Galtieri y la derrota de Malvinas, asumió el entonces desconocido Reynaldo Bignone, se levantó la veda política y se produjo un nuevo llamado a elecciones generales. La UCR ingresó en una etapa de transformación. El Movimiento de Renovación y Cambio liderado por Raúl Alfonsín se impuso por amplia mayoría en la interna y consagró la fórmula Raúl Alfonsín - Víctor Martínez. El peronismo finalmente consagró al binomio Luder - Bittel.